Tomo XII:

Diplomacia de Malvinas, 1945-1989

Capítulo 57: Malvinas y la diplomacia bilateral anglo-argentina, 1945-1981

 

Introducción

Desde el punto de vista de la diplomacia bilateral entre la Argentina y el Reino Unido por las Malvinas, el período 1945-1981 presenta dos etapas bien diferenciadas. En la primera, 1945-1965, transcurren veinte años donde la Argentina incrementa su presión y su desafío al Reino Unido, centrándose especialmente en acciones en el área de las Dependencias y la Antártida. Sobre esta última, los roces parecen tener fin con la firma del Tratado Antártico de 1959 que ambos países también suscribieron. Por otra parte, los británicos persistieron en negarse a dialogar con la Argentina por el tema de la Malvinas sosteniendo que sus derechos sobre el archipiélago eran muy claros. Sin embargo, las decisiones de las Naciones Unidas en la era de la descolonización, especialmente la Resolución 2065 (XX) de la Asamblea General en diciembre de 1965, llevó a ambas partes a la mesa de negociación (ver arriba).
    Se inició, así, la segunda etapa de las relaciones bilaterales donde distintos gobiernos de la Argentina (militares y civiles) con otros tantos diferentes gobiernos británicos (conservadores y laboristas) intentaron resolver por la vía diplomática la disputa. Esta etapa presenta numerosos altibajos, con el Memorándum de Entendimiento de 1968 como su punto más alto, y el incidente del Shackleton en 1976, como su punto más bajo. No obstante, ambas partes buscaron llegar a una solución, en donde los argentinos intentaron avanzar en sus reclamos de soberanía y los británicos trataron de acomodar dichos reclamos con su compromiso de respetar el deseo de los isleños y la presión política sobre su Gobierno. Por último, la dificultad en conciliar ambos objetivos y la intransigencia de las partes, hizo zozobrar los distintos intentos y finalizó por acotar el menú de opciones.

Relaciones bilaterales sin diálogo, 1945-1965

Como se ha visto, en 1927, la Argentina inició sus reclamos sobre las Islas Georgias del Sur (1). Pero según Kinney, éste país reconoció tácitamente la soberanía británica (2). En 1945, Gran Bretaña desalojó la estación meteorológica argentina en Grytviken y devolvió todo el equipo científico a la Compañía Argentina de Pesca (ver arriba).
    En 1947-48, la Argentina reclamó por primera vez las islas Sandwich del Sur. De este modo, no fue sino hasta después de la Segunda Guerra Mundial que los reclamos de la Argentina en el Atlántico Sur adquirieron la dimensión actual: las Islas Malvinas, las Georgias de Sur, las Sandwich del Sur y la zona de la Antártida por debajo del paralelo 60° (las tres últimas son conocidas por los británicos como Dependencias (Dependencies).
    En septiembre de 1945, el embajador británico en Buenos Aires presentó una nota al Gobierno argentino, en la cual declaraba que su Gobierno estaba dispuesto a tomar todas las medidas necesarias para conservar los derechos soberanos británicos sobre las colonias y sus dependencias. La nota también detalló actividades secretas realizadas por la Argentina en las Dependencias durante 1943. El Gobierno argentino respondió que esperaba solucionar el diferendo "en una futura ocasión, directamente con Gran Bretaña" (3).
    El 17 de septiembre de 1946, W. Beckett del Foreign Office presentó un memorándum sobre las Islas Malvinas. La parte final del documento resume la validez y la fortaleza de la posición británica respecto de una serie de argumentos sobre los cuales Gran Bretaña basaba sus derechos de posesión del archipiélago. Respecto de sus derechos por descubrimiento: la prioridad británica es "insatisfactoria" e "irrelevante". Sobre el Acuerdo Secreto de 1770: "Hay evidencia para apoyar la convicción que una garantía verbal de retirarse de las Falkland fue dada por Lord North en noviembre de 1770. Sin embargo, no puede ser totalmente demostrado". Más aún, el documento agrega que "aceptar el hecho de una garantía secreta es destruir definitivamente el caso británico anterior a 1833". Respecto del retiro español de 1811 sostiene que:

En 1811 los últimos colonos españoles fueron retirados de las Islas Falkland lo que entonces, desde el punto de vista británico, se transformó en terra nullius. Los respectivos reclamos de Gran Bretaña y Argentina son considerados mejor desde 1811. La aserción argentina de continuidad de posesión de España puede ser discutida sobre las bases que el Gobierno de Buenos Aires estaba lejos de representar la totalidad del Virreinato de La Plata [sic], dentro de cuyos dominios estaban las Islas Falkland.

Además, con respecto a la sucesión de Estados, el Gobierno de Su Majestad ha negado consistentemente el derecho por el que las repúblicas sudamericanas insurgentes aceptaban entre ellas mismas las delimitaciones territoriales de los Virreinatos españoles. En los casos de Colombia y Nicaragua, el Gobierno de Su Majestad reconoció la sucesión de las nuevas repúblicas sólo en los territorios que habían estado efectivamente ocupados.

Por último, respecto de los derechos de prescripción (1833-1946) el Memorándum afirma que:

Gran Bretaña ha estado en formal posesión y ocupación efectiva de las Islas Falkland desde 1833; en esa fecha las Islas no estaban efectivamente (ineffectively) ocupadas por el Gobierno de Buenos Aires; y se puede argumentar entonces que estaban abiertas a la adquisición por la primera potencia efectivamente ocupante. En este sentido, la ocupación británica de 1833 fue en ese tiempo, un acto de injustificable agresión que ahora ha adquirido el apoyo del derecho de prescripción. La presente población es británica en su totalidad (4).

En el verano de 1947/48, buques de la Armada Argentina llevaron a cabo maniobras en las aguas adyacentes a las Islas Malvinas realizaron desembarcos en distintas islas de las "Dependencias". Como respuesta y para respaldar a la fragata Snipe que se hallaba estacionada en el área, la Royal Navy envió al crucero HMS Nigeria, hubo incidentes menores entre los presentes en el Puerto Melchior, en la Península Antártica, pero fue resuelto y la Armada Argentina se retiró. Los buque británicos permanecieron destacados en las Malvinas hasta 1949 (5). Los incidentes en la Antártida se repitieron en 1952 en la Bahía Esperanza y la Argentina anunció una progresiva ocupación de esa región. A principios de 1953, los británicos destacaron como refuerzo para la estación naval de las Malvinas al crucero HMS Superb. Hasta marzo de ese año, la situación permaneció inestable, y el comandante británico del área tenía autorización de Londres para utilizar la fuerza si fuera necesario. Hacia fines de 1953, una vez solucionados los problemas en la Bahía Esperanza, comenzó otro pico de tensión con los argentinos en la isla Dundee. En esa ocasión, los británicos se preocuparon por su escasa capacidad de respuesta a alguna agresión argentina. El Comité de Jefes de Estado Mayor, evaluó en ese momento (como sucedería treinta años después) que "bajo la actual política, el Reino Unido se compromete a mantener sus intereses en las Dependencias de las Islas Falkland sin la una fuerza adecuada para ello" (6). Para su tranquilidad, los incidentes no pasaron a mayores.
    Si bien a partir de la inmediata posguerra y hasta 1965 la diplomacia argentina estuvo centrada principalmente en las Naciones Unidas (ver arriba), en el ámbito de las relaciones bilaterales ocurrieron hechos que merecen ser detallados.
    En 1948, el Ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina creó un departamento separado para seguir su reclamos sobre las Islas del Atlántico Sur (7).
    En el ámbito diplomático y dentro del marco del proceso de descolonización emprendido por las Naciones Unidas, Gran Bretaña registró, por esas fechas, a las Islas Malvinas como uno de sus "territorios no autogobernados" (non-self-governing territories) (8).
    Hacia fines de 1950, el Congreso Argentino declaró formalmente que las Islas Malvinas eran una posesión argentina (9).
    El 21 de diciembre de ese año, una Ordenanza Real extendió los límites de la soberanía británica sobre las Malvinas que incluirían la plataforma submarina, el fondo marino y el subsuelo contiguo a las islas. Así, el área pasó a comprender 85.000 kilómetros cuadrados.
    A comienzos de 1953, se produjo un desembarco argentino en la Isla Decepción perteneciente al grupo de las Shetland del Sur. Como respuesta a la acción argentina y con la misión de expulsar a los ocupantes, la Royal Navy envió inmediatamente al buque HMS Snipe (10).
    En ese mismo año, la Argentina, como en tiempos de Rosas, intentó resolver la disputa por las Islas por medio de una transacción comercial (ver arriba). En efecto, el entonces presidente de la Argentina, Juan Domingo Perón, envió al contraalmirante Alberto Tesaire, presidente provisional del Senado, como representante oficial del país a la coronación de la Reina Isabel II en 1952. Durante su estancia en Londres, el representante argentino visitó la sede del Foreign Office y ofreció a Gran Bretaña la compra de las Islas. De este modo, sostuvo Tesaire, las relaciones anglo-argentinas se asentarían sobre bases firmes. El Gobierno británicos, rechazó la oferta aduciendo que temían que ello produjera la caída del Gobierno del Primer Ministro Winston Churchill (11).
    El 4 de mayo de 1955, el gobierno Británico inició ante la Corte Internacional de Justicia un reclamo contra Argentina relativo a los derechos de soberanía sobre las dependencias de las Islas Malvinas, en especial las Georgias del Sur, Sandwich del Sur y lo que ellos denominan Territorio Antártico Británico. La presentación, titulada "Solicitud del Gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte relativa a las incursiones del Gobierno argentino en territorio antártico británico", solicitó que la Corte declarase que:

el Reino Unido, a diferencia de la República Argentina, posee, y en todas las fechas pertinentes ha poseído, derechos legales válidos y perdurables a la soberanía sobre todos los territorios comprendidos en las dependencias de las Islas Falkland y, en especial, en las Islas Sandwich del Sur, Georgias del Sur, Orcadas del Sur, Shetland del Sur, Tierra de Graham y Tierra de Coats (12).

La presentación incluyó, además, un pedido para que la Corte obligara a la Argentina a respetar la soberanía del Reino Unido y que cesara en sus pretensiones de ejercer soberanía sobre los territorios de las Dependencias (13).
    La Argentina no aceptó la jurisdicción de la Corte, ni de ninguna otra corte internacional, panel de mediación o arbitraje. Así, la Argentina pasó a contar sólo con las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, o los No-alineados como foros para presentar sus reclamos (14). Gran Bretaña nunca sometió el caso de las Islas Malvinas a la Corte (15).
    Con la firma del Tratado Antártico en diciembre de 1959, y su entrada en vigencia a partir de 1961, Gran Bretaña modificó, los límites de los territorios en disputa. El 26 de febrero de 1962, mediante una "Orden en Consejo" efectiva a partir del 3 de marzo siguiente, el Gobierno de Su Majestad dispuso que las tierras situadas entre los meridianos 20° y 80° oeste, al sur del paralelo 60° sur, constituirían una Colonia separada que se llamaría Territorio Antártico Británico. Respecto de Malvinas, la Orden estableció que "Dependencias de las Falkland [Falkland Islands Dependencies] significa todas las islas y territorios entre la longitud 20° oeste y la longitud 50° oeste, situadas entre la latitud 50° sur y la latitud 60° sur y todas las islas y territorios entre la longitud 50° oeste y la longitud 80° oeste, situadas entre la latitud 58° sur y la latitud 60° sur" (16).
    En septiembre de 1964, un piloto civil, Miguel Fitzgerald, aterrizó con una avioneta en Puerto Stanley, plantó una bandera argentina, dejó una nota de protesta y levantó vuelo antes de poder ser aprendido por las autoridades locales. Gran Bretaña protestó por esa acción en las Naciones Unidas (17). El Gobierno argentino negó estar relacionado con el hecho. Como consecuencia de éste incidente, Gran Bretaña estableció permanentemente un contingente de Royal Marines.
    El 20 de septiembre de 1965, la Cancillería argentina envió una nota al Gobierno británico invitándolo a iniciar negociaciones bilaterales con el fin de resolver las diferencias entre ambos (18).
    Recién el 4 de noviembre el Reino Unido respondió afirmativamente a la nota argentina del 20 de septiembre. En su respuesta restringió el alcance de las negociaciones al considerar al tema de soberanía fuera de discusión (19).

  1. Notificación de la Argentina a la Unión Postal de Berna (ver arriba).
  2. Kinney, 43.
  3. Informe Beckett sobre las Islas Falkland, 17 de septiembre de 1946 en Ferrer Vieyra 1993, p. 537.
  4. Foreign Office, Research Department F.O. 371/17111, A.S. 5728/311/2; citado por Ferrer Vieyra 1993 pp. 540-41.
  5. Grover, 170; Kinney, 44.
  6. Grover, 171.
  7. Kinney, 47. En la actualidad se llama Departamento de las Islas Malvinas.
  8. Ibid. 47.
  9. Ibid. 47, buscar ley y fecha.
  10. Ibid. 47. HMS Snipe: buque de escolta (1.400 toneladas).
  11. Gustafson, 101.
  12. Citado en Ferrer Vieyra 1984, 266-67.
  13. Ibid., 267.
  14. Sobre la evaluación de los posibles efectos de la decisión argentina existen opiniones divergentes. Mientras que los analistas argentinos presentan el caso como una decisión acertada de la Argentina, para Kinney, la respuesta argentina habría debilitado sus reclamos al eliminar la posibilidad de acudir a cualquier instancia judicial o mediativa final (Kinnney, 48).
  15. Ferrer Vieyra 1993, 196.
  16. Pereyra, 28-9. Pereyra agrega que de este modo Gran Bretaña mantuvo sus apetencias con sólo un ligero cambio de denominación (29).
  17. Destefani, 108.
  18. Información de del Carril a la Cuarta Comisión de la ONU sobre contactos bilaterales, 11 de noviembre de 1965 en CARI I 251-52.
  19. Quellet, 61; Lanús, 463-4.

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Concluida en diciembre de 1965 la primera etapa del proceso tendiente a la resolución de la disputa con la aprobación de la Resolución 2.065 (XX) en Naciones Unidas, se inició la segunda etapa que consistiría en la apertura de las negociaciones bilaterales. Hacia mediados de los años 60, la situación de colonia de las Malvinas parecía un anacronismo y una carga para la metrópoli. Esta apertura respondía a factores tales como el retiro del imperio, la creciente presión de las Naciones Unidas, y una revisión en la política de defensa (1).
    El 11 y 14 de enero de 1966 se reunieron en Buenos Aires el canciller Miguel Zavala Ortiz y el Secretario de Estado de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Michael Stewart. Ambos firmaron un comunicado conjunto conocido como "Zavala Ortiz-Stewart":

Los ministros, Miguel Zavala Ortiz y Michael Stewart consideraron la diferencia existente entre el Gobierno argentino y el del Reino Unido sobre las islas Malvinas (Falkland). De acuerdo con el espíritu de conciliación que ha inspirado la Resolución de la XX Asamblea General de las Naciones Unidas aprobada el 16 de diciembre de 1965, ambos Ministros efectuaron un valioso y franco intercambio de puntos de vista, en el curso del cual los Ministros reiteraron las posiciones de sus respectivos gobiernos. Finalmente, como resultado de esas conversaciones los dos Ministros han coincidido en proseguir sin demora las negociaciones recomendadas en la citada resolución por la vía diplomática o por aquellos medios que puedan acordarse a fin de encontrar una solución pacífica al problema e impedir que la cuestión llegue a afectar las excelentes relaciones que vinculan a la Argentina y al Reino Unido. Ambos Ministros acordaron transmitir esta decisión al Secretario General de las Naciones Unidas (2).

Lanús resalta que este encuentro señaló el comienzo de una etapa que culminaría en 1968 con un fracaso diplomático argentino (ver abajo) (3).
    En junio de 1966 un golpe de estado en la Argentina instauró lo que se autodenominó el gobierno de la "Revolución Argentina" presidido por el general Juan Carlos Onganía. Poco tiempo después, el Subsecretario de Estado para las Américas del Foreign Office invitó a un almuerzo al encargado de negocios argentino, Carlos Ortiz de Rozas (4). Al mismo también asistió el experto de la embajada argentina sobre el tema Malvinas. En esa oportunidad, Ortiz de Rosas y sus acompañantes fueron informados extraoficialmente y en un escenario negable (deniable scenario), que el Reino Unido no tenía intereses estratégicos, políticos o económicos que perseguir en las Malvinas. Esta sugerencia se les hacia para que consideraran que eventualmente las islas pasarían a ser territorio argentino y que el problema que restaba era encontrar cuándo y cómo se haría el traspaso. En esa oportunidad, también, les comentaron que "si quieren conquistar los corazones y las almas de los isleños, [los argentinos] deben probar ser amigos y demostrar que ellos [los isleños] estarían mejor con ustedes". Para ello sería necesario que existiera comunicación y entendimiento. Ortiz de Rosas reportó este intercambio a su gobierno, al mismo tiempo que previno que el proceso sería largo, pero que la metodología le parecía correcta y que la Argentina debería probar la sugerencia británica (5).
    El 28 de septiembre de 1966, como había ocurrido hacía dos años, las islas recibieron otra inesperada visita aérea. Un grupo de 20 argentinos autodenominados "Comandos Cóndor" secuestraron y desviaron un avión DC-4 de Aerolíneas Argentinas que realizaba un vuelo regular de Buenos Aires a Río Gallegos y lo forzaron a aterrizar en la capital de las Malvinas, Puerto Stanley. En el mismo viajaba el gobernador del Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Territorio Antártico e Islas del Atlántico Sur. Una vez más el gobierno argentino negó estar relacionado con el hecho e informó que lo secuestradores serían sometidos a juicio (6). Hoffmann y Hoffmann señalan que "el incidente debiera haber alertado a Gran Bretaña" (7). Y en efecto, eso pasó. Como consecuencia de estas acciones, los británicos aumentaron el contingente de Royal Marines, que había sido establecido en 1965, de 6 hombres al equivalente de un pelotón (8).
    Por su parte, el gobierno del general Onganía continuó con el proceso de negociación iniciado por el gobierno anterior. Esta vez, las negociaciones se llevaron a cabo principalmente en Londres bajo la dirección del embajador argentino en esa capital, brigadier (RE) Eduardo Mc Loughlin. En esa oportunidad, la Argentina adoptó una estrategia pragmática, sin un plan prefijado y actuando de acuerdo con su percepción de las reacciones del gobierno británico (9).
    Por casi dos años, los diplomáticos argentinos y los funcionarios del Departamento de América del Sur del Foreign Office, mantuvieron numerosas reuniones formales e informales pero siempre de carácter confidencial. Según Lanús, el objetivo de dichas reuniones para la Argentina fue lograr algún tipo de compromiso británico sobre el tema de la transferencia de la soberanía.
    A pesar de diálogo existente, la diplomacia británica propuso en noviembre de 1966 un congelamiento de la cuestión de la soberanía por un plazo de 30 años. Durante ese período no se llevarían a cabo ninguna acción de normalización de las relaciones, comercio o cualquier otro contacto que afectara la posición de cada parte. Al finalizar el congelamiento, los habitantes de las Malvinas optarían libremente entre la soberanía británica o argentina. La respuesta argentina a esta propuesta fue negativa (10).
    Para marzo de 1967, los británicos habían suavizado su posición e informaron oficialmente a los argentinos que bajo ciertas condiciones -que se respetaran los deseos de los Isleños-, estarían dispuestos a cederles la soberanía de las Malvinas (11). Sin embargo, para fines del año siguiente, la situación volvió a endurecerse, y a partir de ese momento, la condición básica para efectuar la cesión pasó a ser la de los deseos de los isleños. Este vuelco en la postura británica fue producto de la acción de representantes de los isleños que, desde febrero de 1968, activaron la oposición a dichas negociaciones en el Parlamento y en la opinión pública. En efecto, miembros de ese cuerpo en contacto con el Consejo Ejecutivo de las Islas, conformaron lo que pasó a llamarse el "Comité del Reino Unido y las Islas Falkland" (United Kingdom-Falkland Islands Committee o UKFIC) o más comúnmente conocido como el "Falklands Lobby" (12). Ante el temor que las conversaciones terminaran con la presentación de un fait accompli. Este comité envió una carta abierta a todos los parlamentarios en febrero de 1968, levantando una ola de temor ante un inminente traspaso de soberanía a la Argentina (13). A fines de marzo de 1968 se llevaron a cabo los debates parlamentarios para aclarar el tema. En el interrogatorio, representando al Gobierno, tuvo que responder Lord Chalfont, ministro de estado del Foreign and Commonwealth Office (14). Durante el debate parlamentario, el ministro admitió que si se deseaban mantener buenas relaciones con la Argentina, los británicos deberían estar dispuestos a admitir que al igual que ellos estaban convencidos de la legalidad de su soberanía, los argentinos estaban convencidos de su reivindicación (15).
    También admitió que las negociaciones eran delicadas y por lo tanto confidenciales y que se negaban a concluirlas, por el contrario, el gobierno sostuvo que continuarían. El Gobierno británico descartó, en esa oportunidad, la posibilidad de otorgar la independencia a las Islas debido lo reducido de su población, su situación geográfica y sus escasos recursos. En vista de ello, el objetivo de las negociaciones para el Gobierno de Su Majestad era lograr un arreglo satisfactorio entre pobladores de las Islas y la Argentina en un política a largo plazo y en el interés de los pobladores. Por lo tanto, para la transferencia de las Islas a la Argentina era claro que deberían darse dos condiciones: primero, un acuerdo con amplias salvaguardias para los isleños; y segundo, que los isleños aceptaran ese acuerdo. No obstante ello, en virtud de las potestades constitucionales, el Gobierno se reservaba la decisión (16). El informe Franks claramente especifica que durante el debate en el Parlamento, el Secretario Stewart y otros ministros del Foreign Office "aclararon en varias ocasiones que no habría cesión de soberanía en contra de los deseos de los Isleños" (17). A pesar de lo discutido, durante los debates no se alcanzó un consenso sobre el acuerdo (18). Finalmente, en agosto de 1968, luego de una reunión entre el embajador Mc Laughlin y el ministro Lord Chalfont, a cargo de las negociaciones, se llegó a un acuerdo sobre el texto ad referéndum de un "Memorándum de Entendimiento". Según el mismo, los ingleses estarían de acuerdo con la transferencia de la soberanía si previamente, se aseguraran las comunicaciones entre las Islas y el continente y se lograra un acuerdo sobre ciertas garantías que aseguraran los intereses de los habitantes de las Malvinas (19). El memorándum fue transmitido inmediatamente a Buenos Aires por su embajada en Londres.
    Desde el 28 de marzo, el Secretario Stewart había informado al Gabinete sobre la fórmula que iba a proponer y recién en agosto se llegó a un acuerdo sobre el Memorándum de Entendimiento. El texto completo decía,

1. Los representantes del Gobierno de la República Argentina y del Gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, habiendo discutido la cuestión de las Islas Malvinas (Falkland Islands) en un espíritu de amistad y cooperación, de conformidad con la Resolución 2065 (XX) de la Asamblea General de las Naciones Unidas, dejan constancia de este Memorándum de su entendimiento acerca de la posición alcanzada en las negociaciones.

2. El objetivo común es solucionar definitivamente y en forma amistosa la disputa sobre la soberanía, teniendo debidamente en cuenta los intereses de la población de las Islas. A fin de crear las condiciones en las que pueda alcanzarse ese objetivo, los dos gobiernos se proponen realizar rápidos progresos con medidas prácticas para promover la libertad de comunicaciones y movimiento entre el territorio continental y las Islas, en ambas direcciones, de un modo tal que estimule el desarrollo de vínculos culturales, económicos y otros.

3. A tal efecto y en el deseo de contribuir a esa solución, el gobierno de la República Argentina promoverá la libre comunicación y movimiento entre el continente y las Islas y el gobierno del Reino Unido colaborará en la ejecución de esta política. Las discusiones sobre las medidas prácticas a adoptarse tendrán lugar de inmediato en Buenos Aires.

4. El gobierno del Reino Unido, como parte de esa solución final, reconocerá la soberanía de la República Argentina sobre las Islas a partir de una fecha a ser convenida tan pronto como sea posible después de que (i) los dos gobiernos hayan resuelto la actual divergencia entre ellos respecto del criterio conforme al cual el gobierno del Reino Unido considerará si los intereses de los isleños estarían asegurados por las salvaguardias y garantías a ser ofrecidas por el gobierno argentino y (ii) el gobierno del Reino Unido se halle entonces satisfecho de que aquellos intereses estén asegurados así.

5. Ambos gobiernos continuarán las actuales conversaciones en Londres a efectos de definir los detalles de las garantías y salvaguardias de los intereses de la población de las Islas a ser ofrecidas por el gobierno argentino.

6. Los dos Gobiernos han tomado nota de las respectivas políticas y comparten la opinión de que un cierto período de tiempo facilitaría el desarrollo de condiciones para un arreglo definitivo. Si no hubiese alcanzado un arreglo definitivo, a solicitud de cualquiera de los dos Gobiernos podría convocarse a una reunión de representantes especiales un una fecha no antes de cuatro años y no después de diez años a partir de la firma de este Memorándum para comprobar el progreso o para examinar la cuestión (énfasis agregado).

¿Cómo fue posible que luego de los acalorados debates parlamentarios y de las afirmaciones del Gobierno británico de marzo y abril, pocos meses después, se haya llegado a la formulación de un texto que había sustituido la fórmula de "deseos" por la de "intereses"? Para Kinney, el Reino Unido adoptó en este texto la formulación de "intereses" de la Argentina y de las Naciones Unidas y la había transformado en el equivalente potencial de "deseos" que significaba un cúmulo de beneficios tan convincentes que los isleños los aceptarían (20). Para Beck, fue Stewart quien favoreció la fórmula que contemplaba los "intereses" y no los "deseos" a pesar de la gran presión en contra de un acuerdo con la Argentina. De este modo, esperaba que los isleños pudieran convivir en mejores términos con sus vecinos y que se desarrollaría una relación más estable que facilitaría a los isleños las comunicaciones con la Argentina y que, en definitiva, beneficiaría la posición del Reino Unido en América Latina y en las Naciones Unidas (21).
    A fines de noviembre de 1968, el Gobierno envió en visita oficial a las islas a Lord Chalfont, Ministro de Estado para asuntos Latinoamericanos del Foreign Office, con el objeto de mantener conversaciones con los isleños y también con los argentinos (22). En su intento para convencerlos de aceptar la política perseguida por el Gobierno, Lord Chalfont sostuvo frente a unos quinientos isleños que,

Ustedes se muestran reacios a comprender que las cosas están cambiando en el mundo exterior. El Reino Unido ya no es una gran potencia imperialista del siglo XIX...Se trata de vuestro futuro. Yo no les estoy dando ninguna seguridad, pero cuando ustedes dicen "Mantengan a las Falkland británicas", asegúrense de saber que esto significa algo diferente a lo que significaba en 1900... (23)

En otra reunión, esta vez secreta, con los seis miembros del Consejo Ejecutivo de las Islas, el funcionario les advirtió que "Gran Bretaña ya no podría mantener en las islas fuerzas navales suficientes para brindar protección, que ya no podría contribuir financieramente por la declinación del precio de la lana en el mundo, que había que tener en cuenta los intereses de la gran comunidad británica en la Argentina y que los isleños lo pasarían mejor dependiendo de la Argentina" (24). Al día siguiente de este encuentro, se reunió en la asociación de de criadores de ovejas. Según Hoffmann y Hoffmann, Lord Chalfont manifestó allí que "las negociaciones eran sólo una fase de un proceso, y que la `postura de acuerdo' tantas veces mencionada no constituía un tratado. Aunque se la hiciera pública, de ninguna manera alteraría la soberanía de las islas en contra de los intereses de sus habitantes. Pero las negociaciones debían continuar, porque si se interrumpían la Argentina podría reclamar las Islas de algún otro modo". De acuerdo con la opinión de Lord Chalfornt, Hoffmann y Hoffmann agregan, "se crearía incertidumbre y se complicaría la vida a los isleños" (25).
    Pero su palabras no tuvieron eco, y el Lobby logró que unos cien parlamentarios conservadores firmaran una moción para que el Gobierno británico "de una vez por todas asegure que los isleños son británicos y que no serán traspasados a un país extranjero en contra de su voluntad" (26). En Buenos Aires tampoco encontró Lord Chalfont predisposición para moverse hacia una posición más flexible (27). A su regreso a Londres informó a Stewart y profetizó que en "...este conflicto de `irreconciliables'; a menos que la soberanía sea seriamente negociada y transferida en el largo plazo, es probable que terminemos en un conflicto armado con la Argentina". (28)
    Lord Chalfont se presentó también ante el Parlamento e informó sobre sus actividades en las Islas. Allí fue duramente atacado por la Oposición conservadora (29). La decisión del Gabinete de abandonar la iniciativa del memorándum el 11 de diciembre de 1968 fue una importante victoria del Lobby. Este logró contrabalancear la presión argentina sobre el Gobierno. Para ello contaron con el apoyo de la prensa y del hecho que la crítica al Gobierno dentro del Parlamento tuvo su baluarte en el Gabinete de la sombra de la oposición conservadora (30).
    Para varios analistas, el Memorándum de Entendimiento es "el documento que contiene el compromiso más explícito por parte del Reino Unido sobre la eventual transferencia al Estado Argentino de la soberanía que ejercía sobre las Islas" (31).. Sin embargo, el Informe Franks agrega que

la publicación del Memorándum debía ser acompañada por una declaración unilateral, en la que se dejaba en claro que el gobierno estaba dispuesto a proceder a un arreglo definitivo con Argentina que comprendiera la transferencia de soberanía, sólo cuando estuvieran satisfechos de que dicha transferencia y las bases sobre la que ella tendría lugar, eran aceptable para la población de las islas (32).

Esta afirmación muestra que los británicos, incluso dentro del Gobierno, continuaron sosteniendo como condición esencial para la transferencia de soberanía la aceptación de los isleños. Ello hace suponer que, contrariamente a lo que algunos analistas señalan, con la excepción del lenguaje empleado, el Memorándum considerado en su totalidad no indica un importante alejamiento de la tradicional postura británica de respetar los deseos de los habitantes de las Islas. Para algunos, el propio gobierno británico se había creado un dilema al iniciar negociaciones sobre la soberanía con la Argentina y, al mismo tiempo, prometía a los isleños que las islas no serían transferidas (33).
    A partir de su recepción en Buenos Aires, el gobierno argentino guardó silencio durante casi dos meses. Recién en octubre de 1968, durante las reuniones de la Asamblea General Ordinaria de las Naciones Unidas en Nueva York, ambos ministros, Costa Méndez y Stewart, retomaron el asunto. Allí concordaron que no existían "discrepancias fundamentales sobre el documento por ninguna de las Partes". Sólo restaba firmarlo y hacerlo público.
    En tanto en Buenos Aires, el embajador Mc Loughlin y el representante argentino ante las Naciones Unidas, José María Ruda, participaron en una reunión de información con el presidente Juan Carlos Onganía. Según Lanús, mientras que ambos embajadores sostuvieron la necesidad de la firma del documento, el general Onganía no se pronunció al respecto (34).
    Finalmente, en los primeros días de diciembre de 1968 la Argentina aceptó el entendimiento. El embajador Mc Loughlin y su segundo, Enrique Ros, se entrevistaron con el secretario Stewart para acordar la oficialización del documento por parte de ambos gobiernos. Las palabras del funcionario británico no fueron las esperadas: "Lamentablemente la respuesta llega muy tarde; ya no estamos en condiciones de aceptar el Memorándum, tengo que ir al Parlamento a dar explicaciones sobre esto porque los Conservadores han pedido una explicación" (54). A pesar de los esfuerzos de Stewart, esa misma mañana el Gabinete había decidido no proseguir con el acuerdo debido a la intensidad de la oposición (36).
    El acuerdo había sido rechazado por los isleños, el Parlamento y la prensa británica. Un periódico británico, el Daily Express había hecho públicas las negociaciones bajo el título de "Malvinas en venta". Alguien del Foreign Office había filtrado el memorándum a Bill Hunter Christie, miembro del "Falkland Islands Committee", quien puso en movimiento la oposición al acuerdo. Dada la repercusión que tuvo la noticia y ante el temor de una posible caída del Gobierno, éste se retractó (37).
    Sin embargo antes de proseguir con la historia, cabe preguntarse cómo pudo una respuesta sobre un documento tan importante "llegar tarde". Lanús afirma que el destino de tan trascendente documento puede dar lugar a dudas: "la historia no es clara del lado argentino" (38). Su relato de los hechos deja entrever que alguien dentro del Gobierno argentino se oponía al acuerdo. Una vez que se recibió el documento, durante dos meses no hubo ninguna reacción a lo enviado por la embajada argentina en Londres. En octubre, el encuentro del Canciller Costa Méndez con su par británico puso a la rueda nuevamente en movimiento. Por lo tanto, puede descartarse que el documento se perdió en un cajón del Ministerio de Relaciones Exteriores. También informa Lanús que el presidente Onganía "no se pronunció" sobre el tema. Sin embargo, siempre según su relato, "después de mucha dilación y consulta, el Canciller Costa Méndez logró instruir a la Embajada de Londres para transmitir la aceptación argentina" (39). Por lo tanto, parece que Costa Méndez, al igual que Stewart enfrentó algún tipo de oposición interna. Finalmente el Canciller obtuvo una respuesta favorable al entendimiento (40).
    El 11 de diciembre de 1968, el Gobierno británico decidió en una reunión de Gabinete suspender todo intento de lograr un acuerdo con la Argentina en base al Memorándum de Entendimiento considerando la reacción del Parlamento y de la prensa (41).
    Ese mismo día, el Secretario de Relaciones Exteriores británico Michael Stewart declaró ante la Cámara de los Comunes que:

En sus conversaciones con el gobierno de la Argentina, el Gobierno de Su Majestad ha tratado de llegar a un entendimiento con la Argentina a fin de garantizar una relación satisfactoria entre las Islas y la región continental más próxima, aunque todavía no es total. Existe una divergencia básica respecto de la insistencia del Gobierno de Su Majestad en que no podrá haber transferencia de soberanía contra los deseos de los habitantes de las Falkland Islands (42).

Con esta declaración, el Gobierno de Su Majestad se retrotajo a la posición de la autodeterminación de los isleños (43).
    En esa ocasión, la respuesta argentina no se hizo esperar y al día siguiente (12 de diciembre) el Canciller Costa Méndez declaró que el gobierno del Reino Unido debía "reconocer como solución definitiva la soberanía argentina" y agregó que:

1. tal reconocimiento no debe estar supeditado a la conformidad de los actuales pobladores de las Islas.

2. La República tendrá en cuenta y asegurará los intereses de los habitantes de las Islas por medio de salvaguardias y garantías que se acuerden. El gobierno argentino conforme a los principios tradicionales ha informado su política en esta materia, acogerá esos pobladores con la más generosa disposición...

3. La concertación del acuerdo integral tendrá, por lógica consecuencia, el desarrollo de libres comunicaciones entre las Islas y el resto del territorio nacional argentino y la creación de vínculos definitivos con ellos... (44)

Durante la década de los 60 el Gobierno británico también tomó algunas decisiones que no estaban directamente relacionadas con las Islas Malvinas pero que, a juicio de algunos analistas, se convirtieron en señales contradictorias o fáciles de ser malinterpretadas por parte de los argentinos. Pues estos estaban siempre a la expectativa de algún cambio en la situación del archipiélago y la recuperación de las Islas era una de sus principales temas de política exterior. La primera señal fue el drástico recorte en el presupuesto militar británico de 1966. Este ahorro presupuestario llevó al Ministerio de Defensa a renunciar a los portaaviones y al "desembarco...de tropas contra una oposición sofisticada fuera del alcance de la cobertura de la aviación terrestre". Para algunos, esto podría haber afectado el planeamiento argentino con respecto a llevar adelante acciones militares contra las Islas (45). La segunda señal fue la decisión del gobierno de modificar, a principios de 1968, la "Ley de Inmigrantes del Commonwealth" de 1962. Ante la presión inmigratoria producida por el proceso de descolonización Gran Bretaña dispuso una nueva ley que disponía que no podía emigrar a Gran Bretaña quien no fuera oriundo de ella, o que no tuviera padre, madre o por lo menos un abuelo nacido en ella. El efecto de esta ley fue que en 1970, sólo la mitad de los isleños cumplían con los requisitos de la misma (46).

  1. Ellerby, 86.
  2. Comunicado Conjunto, emitido en Buenos Aires, el 14 de enero de 1966 citado en Lanús, 473.
  3. Ibid. 473.
  4. El embajador argentino había renunciado a su cargo a raíz del golpe militar.
  5. Kinney, 49.
  6. En la Argentina, el hecho produjo un estallido de demostraciones antibritánicas: ataque al consulado e Instituto Cultural Anglo-Argentino en Rosario; En Córdoba, hubo demostraciones antibritánicas; y en Buenos Aires, la embajada británica fue baleada desde un automóvil. Hubo generalizadas declaraciones de apoyo al grupo secuestrador. Este grupo se rindió a las autoridades locales en la noche del 29 de septiembre. El Gobierno argentino pidió disculpas al Reino Unido por los incidentes y envió un buque de transporte naval para repatriar a los pasajeros y a los secuestradores. Ante las expresiones de apoyo y pedidos de gracia "porque habían tratado de reivindicar la soberanía argentina sobre las Malvinas", el gobierno los juzgó aplicándoles penas muy leves (Hoffmann y Hoffmann, 115-116).
  7. Ibid. 116.
  8. Franks, 5. Además de estos episodios públicos que preocuparon a los británicos, Oliveri López menciona que un desembarco clandestino en las Malvinas a cargo del submarino ARA Santiago del Estero determinó una mayor presencia naval británica (1992, 230 n. 4).
  9. Lanús, 474.
  10. Kinney, 49-50; Franks, 5.
  11. Franks, 5-6.
  12. Kenny define a esta organización como un grupo compacto y persistente, a favor de un solo tema, cuyo objetivo incluía la supresión de la discusión de cualquier alternativa a la del status quo para las Malvinas. Sus actividades consistieron siempre en actuar como una fuerza polarizadora que previno cualquier evolución hacia un arreglo entre las partes(58).
        Entre sus miembros se hallaban parlamentarios y personas influyentes. En 1977 se crearía otro grupo con base en Londres: La Asociación para la Investigación y el Desarrollo de las Islas Falkland (Falkland Islands Research and Developement Association). El objeto de este grupo era la búsqueda de alternativas de desarrollo no-argentinas para el archipiélago. Contaba con importantes apoyos y contactos también intervino para proteger la posición dura de los isleños activando a la opinión pública (Gustafson, 99).
        Estos grupos contaban con el apoyo financiero de la Compañía de las Islas Falkland (Falkland Islands Company). Por último, otro grupo era el llamado Amigos de las Islas Falkland (Friends of the Falkland Islands) compartía también un gran número de miembros comunes con las anteriores. Ver también Ellerby.
  13. Ibid, 6. Al respecto, Quellet confirma que de las declaraciones de los miembros del Gobierno británico y de "la convicción existente en el ánimo de los parlamentarios" reproducidas en los Diarios de Sesiones, el objeto de las negociaciones era la soberanía (76). La carta enviada a los parlamentarios y a la prensa decía:
    ¿Sabe Usted qué...?: Se están llevando a cabo negociaciones entre los gobiernos de Gran Bretaña y la Argentina para entregar en cualquier momento las islas Falkland a la Argentina.
    Tenga en cuenta que: los habitantes de las islas nunca fueron consultados sobre su futuro. Que ellos NO quieren ser argentinos. Los isleños son tan británicos como ustedes, la mayoría son de descendencia inglesa o escocesa de hasta sexta generación. Cinco de cada seis nacieron en las Islas. Muchos ancianos no han estado en ningún otro lugar. No hay problemas raciales, on hay desempleo y no hay pobreza, y NO ESTAMOS EN DEUDA (27 de febrero de 1968, Ellerby, 87).
  14. Kinney, 50. De ahora en mas, Foreign Office. Pero tener en cuenta que para 1968, el Foreign and Commonwealth Office era el resultado de la fusión de tres departamentos, el Commonwealth Office, el Foreign Office, y el Colonial Office. Este último ya se había fusionado con el primero en 1966 (Hastings & Jenkins, 12-13).
  15. Quellet, 77.
  16. Relato en base a los Debates Parlamentarios (Hansard) en Quellet 77-78.
  17. Franks, 6.
  18. Kinney, 50.
  19. Lanús, 474.
  20. Kinney, 50.
  21. Peter J. Beck: The Falkland Islands Dispute as an International Problem. Routhledge, 1988 citado por Olivieri López 1995, 51.
  22. Franks 6.
  23. Beck 1988 citado por Olivieri López 1992, 231 n.9.
  24. Hoffmann y Hoffmann, 118.
  25. Ibid. 119. Parecería que algunos argentinos hubieran escuchado las palabras de Lord Chalfont. Pues mientras éste se hallaba en las Islas, el 27 de noviembre, un avión argentino aterrizó en las calles de Puerto Stanley. A bordo viajaron Héctor R. García, propietario del periódico Crónica, un reportero y como piloto a Miguel L. Fitzgerald (el mismo del aterrizaje de 1964). Inmediatamente fueron apresados y repatriados a Río Gallegos a bordo del buque HMS Endurance que trasladó a Lord Chalfont de visita a la Argentina (Ibid. 119-120 y Destefani 108).
  26. Olivieri López 1992, 84 y Ellerby, 89.
  27. Allí se reunió con el Canciller Costa Méndez y luego, ambos gobiernos anunciaron que habían tratado el tema de las Malvinas en el marco de las negociaciones secretas que tenían lugar en Londres (Hoffmann y Hoffmann, 117)
  28. Olivieri López 1992, 85.
  29. Hoffmann y Hoffmann, 122-123.
  30. Ellerby, 89-90.Por ejemplo, el 12 de diciembre el vocero sobre relaciones exteriores de la oposición, Sir Alec Douglas-Home, se comprometió a que si su partido heredara las negociaciones con la Argentina, ellos "eliminarían la cuestión de la soberanía de la agenda". De acuerdo con Ellerby, "el tema de las Falkland presentó a Heath [líder de los conservadores] como una oportunidad para unir a su partido, dividir a los laboristas y reconquistar la fe del público de que el Partido Conservador era capaz de defender valores británicos" (90).
  31. Lanús, 475; también Kinney, 50 y Olivieri López 1992, 83.
  32. Franks, 6. énfasis agregado.
  33. Ellerby, 90.
  34. Lanús, 475.
  35. Ibid. 476. Los ataques fueron tan severos que Stewart tuvo que acortar una visita oficial que realizaba a la India y regresar a defender la posición del Gobierno (Hoffmann y Hoffmann, 123.
  36. Olivieri López 1992, 231 n. 11. Los argumentos de Stewart eran que un arreglo con la Argentina sería beneficioso para los isleños, que mejoraría la posición del Reino Unido en las Naciones Unidas y su relación con América Latina, en general (Hoffmann y Hoffmann, 123-25.
  37. Lanús, 476.
  38. Ibid. 475.
  39. Ibid. 475, énfasis agregado.
  40. Durante los días de la Guerra del Atlántico Sur, el diario La Nación publicó una carta del brigadier Eduardo McLoughlin que respondía a una nota anterior publicada en ese matutino. Dicha nota firmada por José Campobassi sostenía que la Argentina no aceptó la propuesta británica porque aquella insistió en el reconocimiento incondicional de su soberanía. La respuesta de McLoughlin precisa que la negociación se había extendido por la falta de acuerdo entre las partes sobre el texto de una nota explicativa conjunta que acompañaría la elevación del Memorándum al Secretario General de las Naciones Unidas. Mientras se desarrollaban estas discusiones, la oposición en el Reino Unido había agitado el tema públicamente, lo que asustó al Gobierno y en consecuencia, abandonó las negociaciones (La Nación, 14-4-1982, 7).
  41. Franks, 6. Beck cuenta que en esa reunión, Stewart defendió la negociación señalando sus ventajas, pero un miembro del Gabinete comentó que "...uno por uno, todos nos volvimos en su contra", dejando claro que no conseguiría su objetivo (1988, 103 citado por Olivieri López 1992, 231 n.11).
  42. Lanús, 476.
  43. A partir de diciembre de 1968, Gran Bretaña estableció claramente su curso de negociaciones: negociar con la Argentina, pero dejar bien claro que la transferencia de soberanía sin la aprobación (auto-determinación) de los Isleños no era negociable (Kinney, 51).
  44. Lanús, 476.
  45. Kinney, 49.
  46. Quellet, 79-80. Los datos eran que sólo 140 personas en las Malvinas tenían pasaporte que les permitiría emigrar y 862 estaban sujetos a la aplicación de la nueva ley de inmigración (Ibid. 80 basado en House of Commons, Parliamentary Debates, 26.3.1968).

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De los Acuerdos sobre Comunicaciones al incidente del Shackleton, 1971-1976

Entre 1968 y 1971 la intensidad de los contactos disminuyó. El 21 de noviembre de 1969, la Argentina y Gran Bretaña convinieron en mantener conversaciones especiales para mejorar el tránsito y las comunicaciones entre las Islas y el continente (1). El 1° de abril de 1970 se iniciaron las reuniones en Londres y Buenos Aires. En julio de ese año, el Foreign Office recibió varias propuestas argentinas para establecer las comunicaciones entre ambas regiones a las que no respondió. Recién en 1971 se reiniciaron las conversaciones bilaterales en Buenos Aires (2). La segunda ronda de encuentros se desarrolló en Buenos Aires entre el 21 y 30 de junio de 1971. En esa oportunidad, la delegación británica incluyó isleños. Entre ellos se encontraba el gerente de la Falkland Islands Company, señor Alistair Sloggie (3). Por parte de la Argentina participaron alternativamente los diplomáticos Juan Carlos Beltramino, Enrique Ros, Guillermo Louge y, el asesor de la Cancillería, coronel (R) Luis González Balcarce (4). Estas negociaciones que se realizaron bajo un "paraguas de soberanía", culminaron con la aprobación de una serie de medidas prácticas cuya aplicación facilitaría el movimiento de personas y bienes entre el territorio continental argentino y las islas en ambas direcciones. El tono de las conversaciones fue calificado como cordial. El 1° de julio de 1971 ambos gobiernos suscribieron una Declaración Conjunta. Las medidas más importantes fueron,

1. la creación de una Comisión Consultiva Especial constituida por representantes del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto y de la Embajada Británica en Buenos Aires a fin de tratar todas las cuestiones relativas al establecimiento y promoción de las comunicaciones.

2. el Gobierno argentino otorgaría un documento a los residentes de las Islas Malvinas, sin referencia a la nacionalidad, que desearan viajar al territorio continental argentino, y que permitiría el libre desplazamiento en él.

3. los residentes de las Islas serían declarados por el gobierno argentino exentos del pago de derechos e impuestos y de cualquier otra obligación como resultado de actividades en las Islas. Asimismo, el gobierno británico no demandaría el pago de impuestos a los residentes provenientes del territorio continental argentino que presten servicios en las Islas.

4. se adoptarían medidas para que el equipaje normal de los residentes malvinenses que viajasen entre las Islas y el territorio continental estuviera libre de todo pago de derechos e impuestos.

5. que el gobierno argentino adoptaría medidas para que todo residente en las Islas que estableciera su domicilio en el territorio continental pudiera ingresar, por una sola vez, libre de derechos e impuestos, todos sus efectos personales del hogar y un automóvil. Facilitarían el tránsito de personas vinculadas al establecimiento y promoción de las comunicaciones.

6. el gobierno británico tomaría medidas para el establecimiento de un servicio marítimo regular de pasajeros, carga y correspondencia.

7. el Gobierno argentino tomaría medidas para el establecimiento de un servicio aéreo regular de frecuencia semanal de pasajeros, carga y correspondencia. Hasta tanto se construyera el aeródromo de Puerto Stanley, el gobierno argentino proveería un servicio aéreo temporario con aviones anfibios entre el territorio y las Islas.

8. Se proponían, asimismo, medidas para agilizar las comunicaciones postales, telegráficas y telefónicas; se establecía que las tarifas telefónicas, telegráficas y postales serían iguales a las internas del lugar de origen de las comunicaciones. Las estampillas de correo serían canceladas con un sello que se refiera a la Declaración Conjunta del 1 de julio de 1971.

9. El gobierno argentino manifestó que estaría dispuesto a cooperar en los campos de la salud, educación, agricultura y técnica en respuesta a requerimientos que pudieran formulársele (5).

En esa oportunidad, la estrategia del gobierno argentino fue la de acercar y vincular en forma progresiva las Islas al territorio continental (6). Era claro que, como afirma Lanús, "el propósito de estos acuerdos [era] influir en la opinión pública de los isleños -anímicamente aislados de la Argentina- y ahondar su interés por la cultura, política y economía de nuestro país. Estos acuerdos de comunicaciones, permitirían vincular a los isleños con la Argentina, generando una corriente de confianza y contactos imprescindibles para consolidar cualquier negociación política" (7). Por el contrario, la estrategia británica buscaba crear cooperación política a partir de éxitos en áreas funcionales que luego por efecto de spillover se trasladaría a otros temas (8).
    Un mes más tarde, el 5 de agosto, el Ministro de Relaciones Exteriores, Luis María de Pablo Pardo, comunicó al representante británico en la Argentina que su gobierno había aprobado la Declaración Conjunta del 1° de julio de 1971.
    El día 7 de enero de 1972 partía de Buenos Aires la motonave Libertad transportando un contingente de 300 turistas a la Antártida. Con el fin de aprovechar el viaje y consolidar el proceso de acercamiento, se decidió que la nave recalaría por una noche en Puerto Stanley. En la nave viajaron el Embajador de Gran Bretaña en Buenos Aires, Michael Hadow y el Director General de Antártida y Malvinas de la Cancillería, Mario Izaguirre (9).
    Con el objeto de revestir de mayor solemnidad a los acuerdos, el gobierno del general Lanusse dictó la Ley 19.529 que aprobaba la Declaración Conjunta de julio del año anterior, así como las notas reversales que ambos gobiernos se habían intercambiado sobre el tema de reserva de sus derechos de soberanía (10).
    El proceso de acercamiento entre las Islas y el continente fue completado por dos acuerdos más firmados durante 1972. El 2 de mayo de ese año, el Embajador de Gran Bretaña en Buenos Aires y el Ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina, suscribieron un Acuerdo sobre la Construcción y Operación de un Aeródromo Provisorio en las Islas Malvinas por parte del gobierno argentino:

1.El aeródromo provisorio estará situado en Hooker's Point. La ubicación específica del aeródromo y cualquier derecho subsidiario con respecto al terreno adyacente que pudiera ser necesario durante el período de construcción y operación del aeródromo provisorio, serán tal como se convenga entre los representantes de nuestros respectivos Gobiernos en la Comisión Consultiva Especial.

2. La pista será de aproximadamente ochocientos metros de largo por treinta metros de ancho.

3. El Gobierno Argentino adoptará las medidas necesarias para construir el aeródromo y suministrar los materiales y equipos requeridos para su construcción, operación y mantenimiento. Empleará principalmente personal procedente del territorio continental argentino, pero con la participación de personal local. La composición del grupo para la construcción será tal como lo convenga la Comisión Consultiva Especial. El grupo de construcción podrá obtener y utilizar sin cargo, el material de construcción necesario, de los terrenos próximos al aeródromo según lo acuerde la Comisión Consultiva Especial.

4. El Gobierno de Reino Unido proveerá un edificio para habitación del personal procedente del territorio continental argentino para la construcción del aeródromo. Para dicho edificio y para la construcción, operación y mantenimiento del aeródromo, el Gobierno del Reino Unido proveerá agua, como también electricidad, tan pronto se logre una capacidad de producción suficiente.

5. El aeródromo será administrado y mantenido por personal del territorio continental argentino, con la participación de personal local. La composición del grupo para la administración y mantenimiento será tal como la convenga la Comisión Consultiva Especial (11).

Pocos meses después, el 24 de octubre de 1972 se firmó un acuerdo complementario del anterior. Por el mismo, se acordó la apertura de una agencia de Líneas Aéreas del Estado (LADE) en Puerto Stanley y la iniciación del servicio aéreo regular entre las Islas y el territorio continental:

1. Líneas Aéreas del Estado (LADE), Empresa Argentina a cuyo cargo se hallará el servicio regular así como el temporario, a los que se refieren los numerales (8) y (9) de la Declaración Conjunta, abrirá una agencia comercial y operativa en Puerto Stanley y designará su titular, así como al personal auxiliar necesario que desee emplear en las Islas Malvinas. El personal auxiliar estará compuesto en la forma en que acuerde la Comisión Consultiva Especial.
...
3. Las tripulaciones y los aviones con que se realicen los servicios referidos en el numeral (2) de este Acuerdo, llevará la misma documentación de vuelo que es de rigor para las tripulaciones y los aviones que realizan vuelos internos sobre el territorio continental argentino y sus operadores estarán exentos del pago de derechos de aterrizaje, gravámenes u otras cargas... (12).

El 25 de mayo de 1973 un nuevo gobierno constitucional se estableció en la Argentina. En su discurso inaugural el presidente Héctor J. Cámpora tuvo unas palabras para las Malvinas. Su recuperación sería uno de los objetivos de su gobierno (13).
    Respecto de las negociaciones realizadas durante el período 1968-1973, el argentino Quellet señala que Gran Bretaña trató de transformar las negociaciones en conversaciones, con el objeto de no tratar el tema central: soberanía. Al mismo tiempo, otros señalan que dada la divergencia de objetivos -ansiedad argentina por tratar el tema de la soberanía y la negativa británica de proseguir conversaciones políticas que trataran el tema- durante 1972 se llegó a una clara situación de impasse (15). Ante esta situación, la Argentina denunció ante las Naciones Unidas la utilización por parte de Gran Bretaña de una estrategia dilatoria. El foro internacional se hizo eco de la denuncia argentina y aprobó la Resolución 3.160 (XXVIII) de diciembre de 1973 que señaló su preocupación por la falta de progreso en las negociaciones e instó a las partes a proseguirlas (16). A pesar de ello, las negociaciones por las comunicaciones prosiguieron (17). Los avances diplomáticos argentinos fueron contestados por los isleños y el 4 de enero de 1974, el Consejo Legislativo de las Islas, aprobó una moción en la cual declaró:

Que esta Cámara se opone enérgicamente a toda negociación o conversaciones celebradas con el Gobierno argentino sin el previo y completo conocimiento del pueblo de las Islas, que involucren la transmisión de la soberanía de esta colonia contra los deseos de sus habitantes (18).

Para julio de 1974, el Canciller Alberto J. Vignes afirmó que al menos que las negociaciones sobre la transferencia de las islas se acelerase, "la política [argentina] amistosa sería revisada" (19). En Gran Bretaña, el nuevo gobierno del Primer Ministro Harold Wilson inició conversaciones diplomáticas introduciendo la posibilidad de un condominio. Ello dio lugar a importantes encuentros entre representantes de los gobiernos argentino y británico en julio de 1974. En esa oportunidad, el embajador de Gran Bretaña presentó al canciller Vignes una comunicación escrita en la que informaba haber sido instruido por su gobierno "para proponer que las discusiones entre Gran Bretaña y la Argentina sobre el futuro de las Islas deberían resumirse sobre la base de las salvaguardias y garantías a extenderse a los isleños en el hipotético caso de un condominio de Gran Bretaña y Argentina en relación a la soberanía territorial sobre las Islas Falkland" (20).
    La comunicación británica además expresó lo siguiente:

...el objetivo del Gobierno de Su Majestad al entrar en negociaciones sobre la base del condominio será resolver la disputa de la soberanía a través de la aceptación de la co-soberanía argentina sobre las Islas y que el producto final pueda ser un tratado que solucione la disputa anglo-argentina creando una atmósfera favorable en la cual los isleños puedan desarrollarse acorde a sus intereses (21).

Finalmente, el documento señaló que "cualquiera fuera la forma que pudiese asumir el condominio, éste tendría algunos elementos básicos, como ser que ambas banderas flamearan juntas, que se adoptaran los idiomas español e inglés como idiomas oficiales, que se aceptará la doble nacionalidad para los isleños, y que el gobernador fuese designado alternativamente por la Reina y el Presidente de Argentina. Sobre esas bases, el gobierno inglés aceptaba, en forma oficial y preliminar, iniciar las conversaciones en Buenos Aires" (22). Esta aproximación diplomática británica coincidió con una contrapropuesta de la Cancillería argentina también sobre "condominio" que era similar en muchos aspectos (23).
    Las conversaciones sobre el tema se desarrollaron en forma muy confidencial. Pero luego de la muerte del presidente Perón no se continuó trabajando sobre esta opción. Según Lanús, de acuerdo con testimonios, el presidente Perón habría dado su conformidad para que se analizara dicha solución al diferendo sobre la soberanía, pero que al producirse su deceso, el canciller Vignes "ocultó e hizo zozobrar esas negociaciones a pesar de la posición de Perón", desconociéndose los motivos de Vignes para adoptar semejante decisión (24). Por el lado británico, estas conversaciones que se realizaron sin la aprobación o la participación de los isleños fueron desbaratadas por el Parlamento, lo que llevó al Gobierno británico a informar en agosto de 1974 que no sería práctico la continuación de las conversaciones sobre el tema (25).
    A partir de 1969, el Gobierno británico había comenzado a percibir la resonancia política que podía generar la posible existencia de petróleo alrededor de las Malvinas. En aquella oportunidad, el Foreign Office concluyó que sería mejor no hacer nada al respecto por temor a provocar un aumento en la tensión política entre Gran Bretaña y la Argentina al punto de empujar a esta última a ocupar las islas por la fuerza (26). Más tarde, el Gobierno británico decidió realizar sus propias exploraciones en las aguas de las Malvinas para constatar si efectivamente había allí petróleo. Para ello, a partir de 1970 se llevaron a cabo relevamientos en la zona. Hacia mediados de los 70s se habían acumulado pruebas que sugirieron que probablemente existía petróleo en la región (27).
    De inmediato, varias empresas petroleras se interesaron en la zona y, según manifestaciones del Secretario Principal del Territorio de Gran Bretaña, se estaban esperando los resultados de un informe que había sido encargado a un equipo de investigadores de la Universidad de Birmingham (28). El informe titulado "Geology of the Region around the Falkland Islands" fue preparado por Departamento de Ciencias Geológicas de esa universidad y sus autores fueron P.F. Barker, J. Burrel, P. Simpson y D.H. Griffiths y presentado en marzo de 1975 (29). Según el informe existían ciertas posibilidades de encontrar petróleo en las Islas y en el mar adyacente.
    El 19 de marzo de 1975, la Cancillería argentina emitió un Comunicado de Prensa en respuesta de la intenciones británicas. Según este texto, la Argentina no reconocía el ejercicio de ningún derecho en materia de exploración o explotación de recursos naturales:

Teniendo en cuenta que las Islas Malvinas y dichas áreas forman parte integrante del territorio nacional, el Gobierno argentino manifiesta que en ellas no reconoce ni reconocerá la titularidad ni el ejercicio de ningún derecho relativo a la exploración y explotación de minerales o hidrocarburos por parte de un gobierno extranjero. Por consiguiente tampoco reconoce ni reconocerá y considerará insanablemente nulos cualquier actividad, medida o acuerdo que pudiera realizar o adoptar Gran Bretaña con referencia a esta cuestión que el gobierno argentino estima de la mayor gravedad e importancia.

El gobierno argentino considerará, además, la materialización de actos de la naturaleza antes mencionada, contraria a las resoluciones y consensos sobre las Islas Malvinas adoptadas por las Naciones Unidas, cuyo claro objetivo es la solución de la disputa de soberanía entre los países por la vía pacífica de las negociaciones bilaterales (30).

Como respuesta al amenazante comunicado argentino, en el mes de abril, el recién designado embajador del Reino Unido en la Argentina informó, en su primer encuentro con el Canciller Vignes, que ante cualquier ataque a las Islas el Gobierno británico respondería con la fuerza militar (31).
    A pesar de la oposición argentina, el gobierno inglés mantuvo sus propósitos y el 16 de octubre confirmó el envío a las islas de un misión económica encabezada por Lord Shackleton (32). Ante este anuncio, el 22 de octubre, el Ministerio de Relaciones Exteriores declaró que no se concedía permiso oficial a la misión Shackleton (33). Ya el 16 de octubre, había hecho saber que el envío de la misión de relevamiento económico introduciría una desagradable perturbación en las relaciones anglo-argentinas y que su presencia pondría en peligro la solución pacífica de la disputa (34). Esta reacción echó por tierra las expectativas del Foreign Office de que el envío de una misión patrocinada por el Gobierno, en lugar de una empresa privada, calmaría al gobierno argentino (35).
    Lanús afirma que la Misión Shackleton, no autorizada por el gobierno argentino, introdujo un cambio sustancial que violaba un tácito principio de no innovar, que ambos países habían respetado hasta ese momento (36).
    Para julio de 1975, Kinney sostiene que el Reino Unido propuso a la Argentina discusiones para el desarrollo conjunto del Atlántico sudoccidental. El Canciller Vignes aceptó esa posibilidad pero la ató a la transferencia de la soberanía a través de un arriendo (leaseback) por un término fijo. La propuesta argentina incluía la ocupación inmediata de las islas Georgias y Sandwich del Sur con la aquiescencia británica (37). A esta propuesta, el Gobierno británico respondió que cualquier acción unilateral sería inaceptable, por lo que el Gobierno argentino rechazó cualquier conversación sobre cooperación económica que excluyera una discusión del tema de la soberanía (38).
    El 8 de noviembre de 1975, el representante argentino ante las Naciones Unidas sostuvo que dado que el estado presente de la situación entre ambos países era de ruptura de negociaciones, la Argentina no dejaría de valer sus derechos en la forma que considere más apropiada. El Gobierno británico consideró que este discurso contenía la idea de una acción unilateral por parte de la Argentina (39). Kinney agrega que a partir de mediados de los 70 tanto la oposición como el Gobierno argentino habían comenzado a utilizar regularmente la amenaza de invasión como parte de la presión diplomática (40).
    En noviembre de 1975 el Canciller argentino en ese momento, Ángel Federico Robledo, invitó a Gran Bretaña a tratar el tema de la soberanía. Las autoridades británicas hicieron llegar al Canciller una nota sin membrete (non-paper) en el que informaban que el honorable Lord Shackleton visitaba las Islas aceptando una invitación. El gobierno argentino respondió con otro non paper recordando las leyes sobre autorización para navegar en aguas territoriales argentinas (41).
    A fines de 1975, se llevó a cabo en París una reunión por el Diálogo Norte-Sur. Allí, un nuevo canciller argentino, Manuel Aráuz Castex se encontró con su par británico, el Secretario del Foreign Office James Callaghan, quien le solicitó iniciar conversaciones sobre cooperación económica. Como era de esperar, Araúz Castex expresó su aceptación si se incluía la cuestión de la soberanía. También como era de esperar, la respuesta de Callagham fue que para tratar ese aspecto debía consultar la voluntad de los isleños.
    El 17 de diciembre de 1975, Callagham entregó a Aráuz Castex una nota donde proponía una agenda "abierta" para discutir temas de cooperación y cualquier otra cuestión (42). En un nuevo encuentro en Roma, Aráuz Castex le propuso a Callagham transformar la misión Shackleton en una empresa de los dos países, "a fin de quitarle...su carácter unilateral y provocativo" y que estuviera bajo la dirección de un representante de cada país (43). Lanús afirma que este ofrecimiento de investigación conjunta fue rápidamente distorsionado por los británicos. Mientras que para los argentinos se trataba de poner toda la operación bajo la dirección de un paraguas binacional, para Callagham esto se tradujo en que la Argentina podía incorporar tres técnicos a la expedición, uno en temas económicos, otro marítimos, y un tercero en petróleo. La Argentina elevó la lista de tres nombres pero uno de ellos fue sólo aceptado como asesor. En vista de ello, Aráuz Castex concluyó que las verdaderas intenciones del gobierno inglés eran llevar adelante la expedición sin la participación argentina (44).
    A fines de 1975 la tensión entre ambos países había aumentado y durante los primero días del año siguiente, la presidente María Estela Martínez de Perón mantuvo reuniones para analizar la situación en Presidencia con el canciller Aráuz Castex y los tres Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas, el general Jorge Videla, el almirante Emilio Massera y el brigadier Orlando Agosti (45). Allí se analizó el texto de un Comunicado de Prensa que fue finalmente publicado el 5 de enero de 1976 por la Cancillería para contestar a lo que consideraban una "ruptura unilateral" de las conversaciones por parte de los británicos:

Ante tal comprobación, la Cancillería argentina estima inadecuado avenirse a considerar temas que, frente a aquella reticencia, resultan insustanciales con relación al problema verdadero, y no conducentes por lo tanto a la justa solución del mismo...Como consecuencia de ello el Pueblo de la República debe estar advertido de que su gobierno, juntamente con las Fuerzas Armadas y demás organizaciones institucionales que estructuran el Estado argentino, comparten inquebrantablemente el celo de aquél por la defensa de la dignidad y los derechos de la Nación; y que actuarán sin precipitación pero con toda la persistencia, la prudencia y la energía que sean necesarias para logra justicia (46).

El 3 de enero de 1976, Lord Shackleton arribó a las Malvinas a bordo del buque HMS Endurance. El Canciller argentino sostuvo que el arribo del enviado británico en esa fecha, coincidente con la ocupación de las Malvinas en 1833, era una "coincidencia hóstil y desconsiderada" y que por ello el Gobierno argentino consideraba que el Gobierno británico había roto unilateralmente con las negociaciones. Más aún, informó al embajador británico que "las dos partes se mueven rápidamente en un curso de colisión" (47). Ante esta escalada en la tensión de las relaciones, Callagham envió el 12 de enero un mensaje a la Cancillería argentina en el que sostuvo que el tema de la soberanía era una "disputa estéril" y en un intento conciliatorio los invitó a mantener conversaciones confidenciales. La respuesta fue inmediata. El 13 de enero el Ministro de Relaciones Exteriores respondió, lamentando "no encontrar ningún elemento positivo que justifique la reapertura de negociaciones" (48). El mismo día la Cancillería argentina informó que su embajador ante Gran Bretaña, Manuel de Anchorena, no retornaría a Londres y que había comunicado al Gobierno del Reino Unido que sería aconsejable que retirara el suyo, Derek R. Ashe, de Buenos Aires. A partir de ese momento, las relaciones se mantuvieron congeladas a pesar de que ambos gobiernos aseguraron que los hechos no implicaban una ruptura diplomática (49). El 14 de enero, Callagham declaró ante los Comunes que la tradicional amistad entre ambos gobiernos se encontraba entorpecida por razones de soberanía, pero que el gobierno del Reino Unido entendía que era imprescindible para el desarrollo económico de las Islas contar con cooperación económica del territorio continental. Agregó, también, que "con buena voluntad, el Reino Unido y la Argentina podrían transformar el área de disputa por la soberanía sobre las Islas en un factor de cooperación entre ambos países, de acuerdo con los deseos e intereses de los malvinenses" (50). En medio de la crisis, el 15 de enero, el canciller Aráuz Castex fue reemplazado por el embajador Raúl Quijano, quien, del otro lado del Atlántico, destacó que las relaciones entre ambos países no estaban rotas. Al mismo tiempo las comunicaciones con las Malvinas se mantuvieron normales. Es claro que el gobierno argentino no deseaba cerrar todos los canales de comunicación. Los británicos tampoco quisieron agravar la situación.
    Pocos días más tarde, el 27 de enero, el Ministro de Estado del Foreign Office declaró ante la Cámara de los Lores que:

...no habrá cambios en la soberanía británica sobre las Islas Falkland en contra de los deseos de los isleños. Pero el gobierno de Su Majestad estima...que se atenderá mejor a los intereses a largo plazo de los isleños mediante vínculos estrechos y amistosos con la Argentina (51).

    Mientras ambos gobiernos trataban de mantener la situación de tensión bajo control, algunos sectores en la Argentina solicitaban una acción más enérgica. En efecto, el mismo día, el líder de la bancada de la oposición, Antonio Trócoli (UCR), hizo un pedido de informes al Poder Ejecutivo. Por éste trámite, quiso saber qué otras medidas se habían considerado además del retiro de los embajadores y si ello era todo lo que el país podía hacer para castigar a Gran Bretaña (52).
    En medio de la crisis, el 16 de enero, un buque de transporte de la Armada Argentina desembarcó en Puerto Stanley 750 toneladas de equipo y cincuenta miembros del cuerpo de ingenieros del Ejército. En la capital de las Islas muchos pensaron que se hallaban ante el preludio de la invasión. Sin embargo, un mensaje del Foreign Office desde Londres, enfrió los ánimos al informar que el desembarco del equipo era legítimo y que se trataba del material para extender la pista de aterrizaje según se había acordado en 1972 (53).
    Durante esos días, la prensa británica reprodujo artículos escritos por isleños donde se expresaron sus temores acerca de que el Foreign Office los hubiera "vendido" y que como "peones que eran, se transformarían en las víctimas de una batalla diplomática perdida" (54).
    Los organismos regionales se expidieron en apoyo de la Argentina. La Organización de los Estados Americanos sostuvo que la exploración del potencial económico de las Islas constituía una amenaza a la seguridad hemisférica. También el 16 de enero, el Comité Jurídico Interamericano de la OEA declaró en Río de Janeiro que la Argentina tenía un inobjetable derecho de soberanía sobre las Islas Malvinas. Calificó a la misión Shackleton como una "innovación unilateral" que violaba las Resoluciones de las Naciones Unidas 2.065 (XX) y 3.160 (XXVIII) y que amenazaba la paz internacional y la de toda América Latina; por último, que todas esas acciones implicaban un esfuerzo hostil para silenciar los reclamos argentinos y obstaculizar el progreso de las negociaciones solicitadas por la Asamblea General (55). Con posterioridad, Gran Bretaña rechazó, en una nota presentada a la Comisión de Descolonización de las Naciones Unidas, la declaración de la Comisión Jurídica de la OEA.
    El pico de la crisis se alcanzó el 4 de febrero cuando el destructor de la Armada Argentina ARA Almirante Storni (56) se dispuso a detener al buque de investigación oceanográfica británico RRS Shackleton que navegaba a 78 millas al sur de Puerto Stanley. Desde el destructor se ordenó: "Detenga las máquinas o abriré fuego". El motivo esgrimido por la nave argentina fue que los británicos se hallaban dentro del límite de la jurisdicción argentina de las 200 millas alrededor de las Islas (57). Según algunos informes, también se creía que Lord Shackleton se encontraba a bordo. El capitán del buque británico, actuando bajo órdenes radiales del gobernador de las Malvinas, Neville French no detuvo la marcha, se rehusó a recibir un grupo de abordaje o seguir al Storni al puerto de Ushuaia. Con el fin de aumentar la presión, las acciones del destructor fueron apoyadas por un avión de reconocimiento marítimo Neptune de la Armada. El destructor entonces hizo varios disparos sobre la proa del Shackleton que a pesar de ello prosiguió su ruta hacia Puerto Stanley. El buque argentino no persistió en su accionar pero siguió a la nave inglesa hasta seis millas de ese puerto donde finalmente emprendió el retorno (58).
    El hecho que la nave argentina se haya limitado a realizar algunos disparos y que no emprendió ninguna otra acción a pesar de su capacidad, parecería demostrar que sólo se buscó enviar un aviso: no se le reconocían derechos a Gran Bretaña para incrementar el desarrollo económico de las Islas (59). Ante los hechos, se sucedieron las protestas británicas ante el Gobierno argentino y ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (60). La Argentina protestó y acusó al Gobierno británico de haber violado las normas relativas a la jurisdicción marítima, en tanto que el Reino Unido denunció la actuación del buque argentino como un "peligroso" hostigamiento contra un buque que navegaba pacíficamente para efectuar "un relevamiento científico en la zona" (61). Sin embargo, el enfrentamiento no escaló. Al día siguiente de los disparos, Edward Rowlands, ministro de estado del Foreign Office, afirmó ante la Cámara de los Comunes que harían "todo lo posible para enfriar la situación" pero fue ovacionado cuando sostuvo que la posición del Gobierno era clara: respetar los deseos de los isleños (62). Para Beck, la respuesta de su país estuvo relacionada, no sólo, con el deseo tradicional de Gran Bretaña de evitar los conflictos con la Argentina, sino para evitar otros problemas dado que en ese mismo momento la "Guerra del Bacalao" con Islandia estaba en plena escalada (63).
    Por otra parte, Kinney agrega que el debate parlamentario sobre el tema demostró que la posición británica era débil dado lo exiguo de sus fuerzas militares (64). Sin embargo, las consecuencias de la acción argentina no tuvieron mayor impacto sobre la política británica hacia las Islas y prevaleció el status quo. Los isleños persistieron en su empeño de permanecer bajo la soberanía británica, el Foreign Office continuó tratando de alcanzar algún grado de cooperación económica de todas las partes involucradas, y muchos argentinos continuaron exigiendo soberanía plena sobre las Islas. Al respecto el canciller Quijano afirmó,

el centro de nuestra discusión es... soberanía...No podemos avanzar y si el Reino Unido no desea discutir el este tema nosotros no podemos tratar los otros temas. Por supuesto que estamos muy interesados en la cooperación económica y las comunicaciones, pero sin soberanía estos son temas mucho más periféricos (65).

A pesar de lo sucedido o debido a ello, el canciller argentino, y el ministro Rowlands acordaron en Nueva York reasumir el diálogo (66). Al mismo tiempo, Rowlands le comunicó claramente que el Gobierno británico "defendería las Islas si los argentinos intentaban utilizar la fuerza" (67).

  1. Los británicos habían reconocido el excesivo aislamiento en el que se hallaban los isleños. No existía ningún periódico local, y sólo recibían noticias del mundo exterior a través de la radio. La infraestructura educativa y los servicios médicos no eran adecuados. Por lo tanto, parecía lógico mejorar los lazos con la Argentina (Hoffmann y Hoffmann, 125).
  2. Ibid. 125.
  3. Lanús, 477.
  4. Ibid. 477.
  5. Ibid. 477-78; para ver el texto completo Quellet, 150-153.
  6. Lanús, 478.
  7. Ibid. 479. A pesar que el tema de la soberanía no estaba en al agenda la lectura que la Argentina hizo, posiblemente siguiendo anteriores consejos británicos, fue que el pedido de provisión de servicios podía considerarse como una licencia para ganarse a los Isleños y avanzar en la transferencia de soberanía (Kinney, 51).
  8. Gustafson, 92. El acuerdo fue considerado como favorable por numerosos británicos y no se registraron protestas o presiones en los grupos tradicionalmente opuestos a un arreglo con la Argentina -la prensa, el Lobby, el Parlamento y la Falkland Islands Company (Hoffmann y Hoffmann, 127).
  9. Lanús, 478.
  10. Ibid. 479.
  11. Ibid, 496-96 n. 34.
  12. Lanús, 496 n.35.
  13. Ibid. 479.
  14. Quellet, 83-84.
  15. Kinney, 52.
  16. Ver arriba Resolución de la Asamblea General 3.160(XXVIII) del 14 de diciembre de 1973.
  17. Se trata de los acuerdos de septiembre de 1974 sobre el abastecimiento de productos derivados del petróleo y un tratado sobre comunicaciones, donde se abolieron los pasaportes, se construyó la pista aérea temporaria y la prestación de servicios educativos y de combustible (Kinney, 52 y Franks 8).
  18. Lanús, 480.
  19. Gustafson, 87.
  20. Lanús, 480 y Olivieri López 1992, 91.
  21. Lanús, 480.
  22. Ibid. 480.
  23. Ibid. 480. Gustafson comenta que posteriormente, el 3 de abril de 1975, el periódico Financial Times publicó que las posturas de ambos países respecto de la soberanía podía resolverse a partir del establecimiento de un condominio anglo-argentino (87-88).
  24. Lanús, 480. Dado el clima político en el que se hallaba la Argentina a la muerte del presidente Perón en julio de 1974, es posible suponer porque al Canciller no le pareció prudente avanzar con el tema. Por el contrario, otro argentino, Olivieri López, sostiene que "hay versiones encontradas si el canciller Vignes tuvo oportunidad de analizar esta propuesta con el recientemente reelecto presidente Juan Domingo Perón. O si llegó a haber alguna respuesta del gobierno argentino rechazando sus términos o pidiendo mayores precisiones" (1992, 91-92).
  25. Kinney, 52 y Franks, 8.
  26. Gustafson, 83.
  27. Ibid. 86-87.
  28. Lanús, 480.
  29. Ibid. 496 n.3. A partir de la publicación del informe, algunos autores argentinos tienden a adjudicar a Gran Bretaña la intención de sustituir las negociaciones por la soberanía por conversaciones sobre cooperación económica (Quellet, 85). Para la visión opuestas de los analistas británicos ver Beck (1982). Lanús y también otros afirman que "esta cuestión de los hidrocarburos y la explotación de las aguas territoriales fue el factor que deterioró ostensiblemente las relaciones entre Londres y Buenos Aires (481).
  30. Selección de párrafos. Lanús, 481.
  31. Franks, 8.
  32. Lanús, 481.
  33. Hoffmann y Hoffmann, 138. Los motivos dados de esa decisión fueron que la cuestión de la soberanía de las Islas se hallaba en pleno proceso de negociación, acorde con la recomendación de las Naciones Unidas, y por lo tanto, las partes deberían abstenerse de emprender nuevas acciones (Ibid.).
  34. Gustafson, 90.
  35. Ibid. 89.
  36. Lanús, 481.
  37. Kinney, 52.
  38. Franks, 9.
  39. Ibid. 9-10.
  40. En septiembre de 1975, durante el congreso anual de la Unión Interparlamentaria en Londres, el Senador argentino Luis León participó en una serie de incidentes con sus pares británicos. Según el delgado británico, Lord Newall, el Senador insinuó en una reunión a puertas cerradas "que la Argentina podría recurrir a la fuerza para recuperar las islas". El británico calificó ante la prensa a esta amenaza como "deplorable", "ridícula" y "patética". En otro debate, León acusó a los británicos de piratería internacional, y sostuvo que "al agotarse su paciencia la Argentina habría de decirles a las Naciones Unidas y al mundo que su propia dignidad hacía intolerable que se prolongara por más tiempo tal situación" (Hoffmann y Hoffmann, 137). Kinney cita otros ejemplos (52).
  41. Lanús, 481.
  42. Ibid. 482.
  43. Ibid. 482.
  44. Ibid. 482.
  45. Kinney sostiene que en esa reunión los militares se opusieron a una invasión como solución a la situación planteada en ese momento (a pesar de sus posibilidades de éxito). Al respecto se han dado dos explicaciones. Según una de ellas, los motivos de tal postura estaría en que una recuperación exitosa de las Malvinas reforzaría al agonizante gobierno de la presidente Martínez de Perón. Otra explicación sería que una acción armada contra las Islas hubiera sido contraproducente para la campaña de relaciones públicas hacia los isleños que llevaba a cabo el Gobierno argentino. Por lo tanto, las comunicaciones y los servicios a las Islas no fueron interrumpidos (54).
  46. Lanús, 482. Párrafo del Comunicado de Prensa del Ministerio de Relaciones Exteriores, 2-1-1976.
  47. Kinney, 53; Franks, 10. El enojo argentino se expresó de diversas maneras. El 7 de enero, un diputado justicialista propuso confiscar sin compensación todas las propiedades británicas en la Argentina hasta que Gran Bretaña devolviera las Islas. Otro diputado propuso eliminar los carteles indicadores en inglés de los aviones de las aerolíneas argentinas (Gustafson, 90).
  48. Lanús, 483.
  49. Ibid. 483.
  50. Ibid. 483; Franks, 11.
  51. Cámara de los Lores, 27-01-1976 en Lanús, 483.
  52. Gustafson, 91.
  53. Ibid. 91-92.
  54. El Times de Londres, 22-6-1976 en Gustafson 92. Además, comenta que los isleños creían que semejante cooperación del Foreign Office con una "nación no confiable" indicaba que estaban regalando las Islas o que inconscientemente facilitaban a la Argentina la preparación de una invasión (Ibid.).
  55. Gustafson, 92; Hoffmann y Hoffmann, 139. Lanús califica a esta declaración como "un apoyo de fundamental importancia" (483).
  56. ARA Almirante Storni: destructor de origen norteamericano de 2100 toneladas. Se hallaba al mando del capitán de fragata Ramón A. Arosa.
  57. Ya el 14 de noviembre de 1975, el Ministerio de Relaciones Exteriores había enviado una nota de protesta al gobierno británico por la presencia de buques de esa nacionalidad navegando en aguas que la Argentina consideraba como sus aguas territoriales (G. 93).
  58. Beck 1982, 39-40; Kinney 54. Este último, sostiene que los militares argentinos, y no el Gobierno habían planeado dicha acción desde antes del nuevo año. De acuerdo con su relato, la intención de los militares era hacer un gesto que no cobrara víctimas y reforzar el reclamo argentino para que su límite de las 200 millas incluyera, además de la costa del continente, la plataforma y las islas. Por otra parte, el buque como rehén hubiera servido para ejercer mayor presión sobre el gobierno inglés para negociar la soberanía a condición de su liberación. Para Kinney, este hecho demuestra que los militares argentinos prefirieron llevar a cabo un gesto político-militar antes que una invasión que implicaba riesgos para ellos y beneficios para el gobierno civil (54).
  59. Gustafson, 93. Lanús le añade un comentario más colorido a este serio incidente al señalar que fue "presagio, símbolo o advertencia de que el pueblo argentino no podía seguir aceptando impasiblemente, dilaciones o provocaciones que ya constituían ultrajes a sus aspiraciones más profundas" (484).
  60. Gustafson sostiene que la protesta británica fue ante el Comité de Descolonización (94).
  61. Lanús, 484.
  62. Hansard en Beck 1982, 40; Kinney, 54.
  63. Beck 1982, 40. Además, Beck sostiene que las acciones de ambos gobiernos tipificaban la tendencia de ambos a teatralizar la disputa con propósitos internacionales y domésticos (ibid.).
  64. Kinney informa que estas consistían en 37 marines de Puerto Stanley, el buque de patrulla antártica HMS Endurance, y el "deseo argentino" de mantener buenas relaciones (Kinney, 54).
  65. Declaración del 22-3-1976 en Gustafson, 95.
  66. Kinney, 54.
  67. Franks, 12. Durante el mes de febrero de 1976, el Comité de Defensa del Reino Unido, elaboró planes de contingencia para enfrentar un posible ataque argentino. Los planes concluían que la mejor acción sería el envío de una fuerza naval que transportara tropas de desembarco, el apoyo de un portaaviones y gran cantidad de apoyo logístico (Ibid. 13).

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Las relaciones bilaterales durante el "Proceso", 1976-1981

A partir del 24 de marzo de 1976 se instauró en la Argentina un nuevo gobierno de facto que optó por continuar con las negociaciones (1). En marzo, los británicos, también con un nuevo gobierno (laborista), revisaron su política y decidieron abrir el diálogo con una agenda más amplia que podría incluir "futuras negociaciones constitucionales" (2). Kinney resume esta apertura como "nuevo gobierno, nuevas negociaciones, nuevos posibles términos" (3).
    Una vez más la visión de los analistas sobre estos acercamientos difieren. Mientras que para Beck, este nuevo período es uno en donde ambas partes, y especialmente, el Gobierno británico, trataron de alcanzar un arreglo (4). Por el contrario, para autores argentinos como, por ejemplo, Virginia Gamba,

A partir de 1976 Gran Bretaña intentó dilatar la negociación seria con la Argentina, no vacilando para ello en quebrar las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas ni en repudiar la buena fe argentina concretada en el Acuerdo de Comunicaciones de 1971 (5).

A pesar de las percepciones encontradas, en la práctica si existieron factores que dificultaron la posibilidad de alcanzar una solución. Entre ellas estaban, principalmente, la tensión en la que se hallaba sometido el Gobierno británico frente a la demanda Argentina de soberanía y su compromiso de respetar los deseos de los isleños de mantenerse súbditos de la Corona (6). Por el lado argentino, estaba su intransigencia respecto de apartarse de cualquier solución intermedia o más flexible que la de plena soberanía.
    El Canciller del nuevo Gobierno militar, contraalmirante César A. Guzzetti, reinició el diálogo sobre la cuestión de las Malvinas. En París, los días 10 y 11 de julio se realizaron reuniones secretas entre los delegados argentinos y los representantes británicos (7). Los encuentros prosiguieron en Buenos Aires, en agosto de 1976, los días 7 y 8 a bordo de la Fragata ARA Sarmiento y ya en 1977, los días 22 y 23 de febrero, en la Cancillería y la Embajada Británica de aquella ciudad. Las conclusiones de estas conversaciones se mantuvieron confidenciales (8).
    Lanús informa que en el año de 1976 el gobierno argentino presentó una propuesta escrita al gobierno Británico para un progresivo traspaso de soberanía de las islas (9). La propuesta contemplaba una etapa previa de Administración Conjunta, luego llegaría "el momento en que el Gobierno de la República Argentina asumirá la totalidad de las funciones constitucionales, administrativas, judiciales, legislativas, la responsabilidad de la defensa y la conducción de las relaciones exteriores en las Islas Malvinas, reconociendo en esa oportunidad el Gobierno Británico la plena soberanía argentina". Se proponía que la administración conjunta durara ocho años y se agregaron luego, detalles referentes a las garantías a otorgarse a los isleños (10). Al mismo tiempo, los británicos también presentaron "una serie de ideas". Una de ellas apuntaba a la cooperación en aquella región del Atlántico sobre derecho del mar, régimen de pesquerías y explotación de hidrocarburos (11).
    A mediados de julio de 1976, el ministro de economía del gobierno militar de la Argentina, José Alfredo Martínez de Hoz, realizó su primera visita a Londres, con el fin de asegurar muy necesarios prestamos para el país. El Gobierno británico y los medios financieros, tuvieron entonces esperanzas de haber hallado en él a un interlocutor para poder hablar de cooperación en el desarrollo de las Islas. El ministro Martínez de Hoz realizó entre 1976 y 1980 cinco visitas a Londres. En todas ellas, enfatizó la cooperación por sobre la confrontación (12). Esta actitud "soft" del ministro de economía encontró la constante oposición del Ministerio de Relaciones Exteriores (13). Este último logró finalmente prevalecer.
    El 20 de julio de 1976 se dio a conocer en Londres el Informe Shackleton. Según el periódico Times éste hacía hincapié en la debilidad de la economía monoproductora de las Islas y la necesidad de la cooperación con la Argentina para diversificarla a través de la pesca y la extracción de petróleo (14). Aparentemente, los redactores del Informe esperaban que se pudiera lograr la cooperación económica sin alterar el status político de las Islas (15). Para algunos, el Informe había reforzado la visión en el Gobierno británico que la cooperación era el mejor camino para el desarrollo de las Islas y, aunque "excluía cualquier asunto relacionado con el futuro político", en el mismo los asuntos políticos y los económicos se presentaron sin distinción (16). En consecuencia, el Gobierno británico envió copias del Informe al Gobierno argentino. La respuesta de éste no se hizo esperar, no hizo comentarios al respecto, dado que, en su opinión, el problema fundamental de la soberanía no había sido tratado. La Cancillería sostuvo que,

Respecto de una hipotética cooperación entre la Argentina y el Reino Unido para el desarrollo de industria y petróleo en las Malvinas, el Ministerio de Relaciones Exteriores repite la posición del Gobierno argentino que es que el tema esencial por resolver es la disputa por la soberanía y, por lo tanto, no tiene comentarios para hacer en asuntos que no estén directamente relacionados con ellos (17).

Al mismo tiempo que se desarrollaban los encuentros diplomáticos bilaterales, la Argentina se movilizó en las Naciones Unidas y el 1 de diciembre de 1976 se aprobó la Resolución 31/49 (XXXI) de la Asamblea General (ver arriba).
    En el campo de los hechos, durante la campaña del verano austral de 1976/77, el rompehielos argentino ARA General San Martín y el transporte ARA Bahía Aguirre transportaron el material y el personal para instalar una base en las Islas Sandwich del Sur. A partir del 7 de noviembre de 1976, ingenieros de la Armada comenzaron a construir la Estación Científica Corbeta Uruguay en la Isla Morrell (18), perteneciente al Grupo de las Islas Tule del Sur en el extremo más austral de las Sandwich. La construcción llevó cuatro meses y la estación fue inaugurada oficialmente el 18 de marzo de 1977 (19). El día 20 de diciembre, el helicóptero del HMS Endurance observó la presencia de los militares argentinos en el último confín de las "Falkland's Dependencies". El 5 de enero de 1977, el Foreign Office pidió explicaciones por la acción unilateral de la Argentina a su Encargado de negocios en Londres . El 14 de enero, la Cancillería argentina respondió que su objetivo en el Grupo de las Tule era la instalación de una estación científica y que dicha operación se hallaba dentro "del área de soberanía argentina", al mismo tiempo la respuesta insinuaba la esperanza por parte del gobierno argentino de que el hecho no se utilizara como una excusa por parte del Reino Unido para romper las negociaciones. La nota sugería que la estación no sería un establecimiento permanente (20). A la nota siguieron los intercambios entre encargados de negocios y finalmente, el 19 de enero, el Reino Unido presentó una protesta formal en la que denunciaba que el establecimiento de la base científica por parte de los argentino era una violación a la soberanía británica en las Islas Sandwich del Sur. Pero la protesta no fue acompañada de un ultimátum y expresaba que el Gobierno de Su Majestad esperaba ser informado de la conclusión del programa científico. La decisión pasó entonces a los argentinos quienes reforzaron su presencia en la Isla hasta ser desalojados definitivamente el 20 de junio de 1982. Los británicos no hicieron ningún anuncio público y la existencia de la estación fue hecha pública recién en mayo de 1978, pero el tema no fue expuesto públicamente en los próximos 5 años (21). El Informe Franks afirma que los argentinos habían preparado un plan de contingencia en caso de que los británicos hubieran decidido desalojar la estación. El plan consistía en tomar represalias contra el grupo británico de investigación antártica en las Georgias del Sur y así escalar hasta ocupar las Malvinas en una operación argentina conjunta de la Armada y la Fuerza Aérea acompañada de acciones diplomáticas en las Naciones Unidas (22). Olivieri López rechaza esta versión:

Si esta hipótesis fuera cierta, más lógico hubiese sido instalar una base en las Georgias. En realidad el objetivo que el autor conoce fue producir un hecho posesorio en un archipiélago que por derecho pertenece a la Argentina (23).

Para un analista como Kinney, el incidente de la Isla Morrell es significativo y paradójico. Por un lado, la reacción británica demuestra su moderación en las negociaciones por las Malvinas. Pero por otro lado, como demostración de su voluntad política de hacer valer sus derechos fue pobre (24). Durante todo esta proceso, Gran Bretaña intentó mantener controlada la situación para evitar adoptar la política de la "Fortaleza de las Falkland" que le resultaría mucho más onerosa (25).
    Mientras esto sucedía en el Atlántico Sur, Lord Shackleton había convencido al Gobierno británico de adoptar las recomendaciones de su informe respecto de buscar la cooperación o participación argentina para el desarrollo de los recursos en las aguas circundantes a las Malvinas. Como consecuencia de ello el Secretario de Estado del Foreign Office, Anthony Crosland, publicó el 2 de febrero de 1977 una declaración en la que expresaba su apoyo a las recomendaciones de Lord Shackleton. Afirmó, además, que el temario sobre el futuro de las Islas era amplio pero que su principal preocupación eran "las posibilidades de cooperación" entre ambos países. El texto finalizaba con las conocidas reservas sobre el tema de la soberanía en la cual el Gobierno de Su Majestad no veía su posición perjudicada, que cualquier cambio debía ser aceptado por los isleños y que se los consultaría continuamente (26).
    A mediados de febrero, Crosland envió a Edward Rowlands a las Islas y también a Buenos Aires para conocer la opinión y tratar de convencer a los isleños acerca de las ventajas de esta política del Gobierno. De este modo, el gobierno británico esperaba que los isleños y los argentinos acordaran ciertas bases para negociar sobre cooperación económica (27). En las Islas, Rowlands no encontró apoyo por parte de los isleños para quienes el concepto de "desarrollo conjunto" utilizado por el funcionario les generaba desconfianza. El funcionario del Foreign Office también se reunió con el Canciller Guzzetti el 15 de febrero. Luego de dos días de conversaciones, ambos informaron que las conversaciones sobre las Islas pasarían a tener el rango de negociaciones y que los respectivos embajadores serían repuestos en las respectivas capitales (28).
    Recién el 19 de abril de 1977, se emitió un comunicado de prensa conjunto en el que se anunciaron negociaciones "que se refieren a las futuras relaciones políticas incluyendo la soberanía, con relación a las Islas Malvinas, las Georgias del Sur y las Sandwich del Sur y a la cooperación económica con respecto a dichos territorios en particular y al Atlántico Sudoccidental en general". La Argentina y Gran Bretaña elaborarían conjuntamente "una solución pacífica a la disputa existente entre los Estados sobre la soberanía y al establecimiento de un marco para la cooperación económica argentino-británica" (29). Al retornar de su visita a las Malvinas el 22 de febrero, el Secretario Rowlands expresó en Comodoro Rivadavia su predisposición para discutir el tema de la soberanía y que esto sería tratado en las próximas negociaciones (30). Este cambio de actitud pública por parte de un funcionario del Gobierno británico respondía a que según Rowlands, el Gobierno de las Islas había "aprobado la intención del Gobierno británico de intentar establecer las bases para negociaciones con el gobierno de la Argentina" (31). En este caso no significaba que la posición el gobierno isleño fuera congruente con la de los habitantes de las Islas. En general los Gobernadores nombrados tendieron a apoyar la cooperación económica, si esas eran las directivas del Foreign Office (32).
    A su regreso a las Islas Británicas, Rowlands fue recibido fríamente por una prensa cuyos titulares anunciaban "Miedo en las Falkland a ser rematadas" y los miembros del Parlamento criticaron su fácil predisposición para discutir sobre la soberanía (33).
    Al mismo tiempo, desde la Argentina se intentó comprar la Compañía de las Islas Falkland (Falkland Islands Company). Pero la venta se frustró cuando el Gobierno británico prohibió semejante operación (34).
    A pesar de todo, el 26 de abril fue dado a conocer un comunicado conjunto anglo-argentino donde ambos gobiernos informaron que habían alcanzado un acuerdo sobre los términos del mandato para las negociaciones sobre las islas,

Los Gobiernos de la República Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte han acordado mantener negociaciones a partir de junio o julio de 1977, las que se referirán a las Islas Malvinas, las Georgias del Sur y las Sandwich del Sur, y a la cooperación económica con respecto a dichos territorios en particular y al Atlántico Sudoccidental en general. En estas negociaciones serán tratadas las cuestiones que afectan el futuro de las Islas, y las negociaciones se dirigirán a la elaboración de la solución pacífica a la disputa existente entre los dos Estados sobre soberanía, y al establecimiento de un marco para la cooperación económica argentino-británica, la que contribuirá substancialmente al desarrollo de las Islas y de la región en general.

Un objetivo importante de las negociaciones será lograr un futuro estable, próspero y políticamente duradero para las Islas, cuya población será consultada por el Gobierno del Reino Unido durante el transcurso de las negociaciones.

El acuerdo de celebrar estas negociaciones, y ellas mismas, no perjudican las posiciones de uno u otro Gobierno relativas a la soberanía sobre las Islas.

El nivel de representación de las negociaciones, y las fechas y los lugares donde se llevarán a cabo, serán determinados por el acuerdo entre los Gobiernos. Si resultare necesario, se podrán establecer grupos de trabajo especiales (35).

El mismo día, el nuevo Secretario de Estado, David Owen, sostuvo ante el Parlamento que el objetivo de las negociaciones estaría

dirigido a alcanzar una solución pacífica a la disputa existente entre los dos estados por la soberanía, y el establecimiento de una estructura para la cooperación anglo-argentina que contribuirá sustancialmente al desarrollo de las Islas, y de la región en su totalidad (36).

Se ve claramente que mientras que para el Reino Unido las negociaciones deberían enfatizar la cooperación económica; para la Argentina, por el contrario, deberían enfatizar la soberanía (37).
    Poco antes del comienzo de la primera ronda de negociaciones a llevarse a cabo en Roma, julio de 1977, el Secretario Owen, presentó un documento al Comité de Defensa. El mismo es importante porque sintetiza la posición del Gobierno británico frente a una situación en la cual debía considerarse tanto la negociación internacional como el frente político interno. Sobre el mismo dice el Informe Franks:

[El documento] sostenía que eran necesario mantener negociaciones serias y sustantivas para mantener a la Argentina entretenida, dado que las Islas eran militarmente indefendibles, salvo que se hiciera una enorme, costosa e inaceptable desvío de recursos. El Comité opinó que era probable que el Gobierno sería forzado finalmente a adoptar alguna solución del tipo arrendamiento junto con un programa conjunto de cooperación económica. El objetivo sería mantener en marcha las negociaciones con el Gobierno argentino lo que permitiría disponer de mayor tiempo para llevar adelante la educación de la opinión pública nacional y de las Islas. En líneas generales, la estrategia del Gobierno sería retener la soberanía tanto como fuera posible, si fuera necesario haría concesiones con respecto a las Dependencias y recursos marítimos en el área, al tiempo que reconocía que, en última instancia, sólo a través de algún arreglo de arrendamiento probablemente se satisfaría a la Argentina...[durante las negociaciones] los británicos propusieron que la soberanía de las Dependencias deshabitadas pudiera considerarse separadamente de la soberanía de las Islas Falkland propiamente (38).

Pese a todo, las negociaciones prosiguieron. De acuerdo con lo acordado en abril, la siguiente ronda de conversaciones se llevó a cabo en Roma los días 13 y 14 de julio de 1977. Allí, el subsecretario de la Cancillería argentina, Gualter Allara, fue notificado que el Foreign Office había reemplazado a Rowlands por Hugh Cortazzi, un funcionario de menor jerarquía (39). El 15 de julio se informó en un Comunicado Conjunto de Prensa que se había realizado "un amplio intercambio de puntos de vista con el objeto de convenir un procedimiento para identificar las materias comprendidas en las negociaciones" (40). Durante las reuniones en Roma, los británicos presentaron un papel donde expresaban respecto del tema de la soberanía que no aceptarían la posición argentina por la cual el principio de autodeterminación no era aplicable a los isleños, "nada que sea inaceptable para los isleños puede ser aceptable para el gobierno británico" (41).
    En los meses finales de 1977, la atmósfera diplomática con Gran Bretaña se hallaba bastante deteriorada. Durante ese año los argentinos habían disparado contra un buque británico, habían retirado su embajador en Londres y habían solicitado a ese país el retiro del suyo, y se habían reinstalado en la Isla Morrell. Esta última acción, fue calificada por los británicos como una "violación de su soberanía". Además, el Gobierno argentino, a través de su agregado naval en Londres Capitán Anaya, había informado al británico que estaba dispuesto a interceptar y eventualmente hundir a cualquier intruso en aguas territoriales argentinas en los alrededores de las Malvinas (42). Ante esta lista de incidentes, el Gobierno británico decidió el 21 de noviembre enviar secretamente a las Malvinas unidades de la Royal Navy. La fuerza naval estaría integrada por el submarino nuclear HMS Dreadnought y buques de superficie (43). Estas naves se mantuvieron estacionadas en las aguas próximas a las Islas durante diciembre, conforme proseguían las negociaciones en Nueva York (44). El Gabinete británico decidió no informar del envió del submarino para evitar que los argentinos se sintieran empujados a invadir las Islas. Además, el propósito del envío de la fuerza naval al área fue el de poseer una opción en caso de que las cosas empeoraran y, no emplearla como una ficha de negociación diplomática. Con posterioridad a los hechos, tampoco hicieron público la presencia del submarino en la zona para no herir el orgullo argentino y evitar acusaciones de mala fe. Sin embargo, para muchos analistas, esta decisión tuvo consecuencias no queridas. Aunque por una parte, el mantener el secreto pudo ser considerado acertado en ese momento, el costo de esa decisión fue que la Argentina no fue disuadida militarmente al no enterarse de la presencia de tan potente fuerza naval. Así ni siquiera tomo conciencia de los posibles costos de una invasión o del compromiso británico de defender las Islas, por lo tanto su opinión pública y la opinión de su elite no fueron afectados (45).
    Entre 1977 y diciembre de 1981 continuaron los encuentros entre los representantes del Reino Unido y de la Argentina. Estos tuvieron lugar en Nueva York, 13 y 14 de diciembre de 1977; Lima, 15 y 16 de febrero de 1978; Nueva York, 14, 15, y 29 de septiembre de 1978; Ginebra, 18 y 19 de diciembre de 1978; Nueva York, 21 al 23 de marzo de 1979 y 28 de septiembre de ese año; y también en Nueva York el 28 y 29 de abril de 1980; otra vez en Nueva York, 23 y 24 de febrero de 1981; y París, 15 de junio. En todos ellos se intentó buscar una conciliación cada vez más difícil entre las posturas de cada parte, cooperación y soberanía.
    El comunicado conjunto luego de las reuniones en Nueva York de diciembre de 1977 expresó que durante las mismas se abordaron "las futuras relaciones políticas incluyendo soberanía", y también "temas de cooperación económica" (46). Al mismo tiempo, se anunció que se establecerían dos grupos de trabajo conjuntos que tendrían por objeto ampliar los temas de soberanía y de cooperación económica. Un resultado de este encuentro fue la disminución de la tensión bilateral. A causa de ello, los británicos consideraron innecesaria la permanencia en las Malvinas de la fuerza naval enviada el mes anterior.
    Al término de las reuniones en Lima del año siguiente (1978) no hubo un comunicado conjunto en razón de las diferencias que surgieron durante las mismas. La novedad de esta ronda de encuentros fue que, según se había acordado en la ronda anterior, ambos países enviaron dos comisiones, una para tratar los temas de soberanía y otra para cooperación económica. Durante las últimas sesiones de trabajo, terminaron por reunirse sólo los delegados de las comisiones de cooperación económica (47).
    La siguiente ronda negociadora en Ginebra, estuvo precedida de un diálogo en las Naciones Unidas entre el canciller argentino en ese momento, Oscar Montes y su par británico, David Owen. Este encuentro así como la reunión de Ginebra aportaron poco. Sin embargo, el 20 de diciembre de 1978, Rowlands y Allara anunciaron que se había llegado a un principio de acuerdo para la cooperación científica en las Georgias y Sandwich del Sur. Con posterioridad, este acuerdo fue rechazado por la parte británica, dado que el Consejo Legislativo de las Islas se opuso y, por lo tanto, el Gobierno británico también lo rechazó. Los isleños no aceptaban al mismo, a menos que sólo se refiriera a la isla Morrell, alegando que de otro modo lentamente podrían perder la soberanía sobre el territorio principal (48).
    Las elecciones en Gran Bretaña de mayo de 1979 dieron la victoria a un gobierno conservador. Margaret Thatcher fue nombrada Primer Ministro, Lord Carrington asumió el cargo de Secretario del Foreign and Commonwealth Office. Como Subsecretario se hizo cargo Mr. Ridley. Este cambio de gobierno (de laboristas a conservadores) significó el inició de un nuevo ciclo de negociaciones.
    Como un paso previo el nuevo Gobierno británico decidió enviar a Ridley a la Argentina y a las Islas Malvinas para tener un conocimiento directo de las posiciones sostenidas en ambos lugares. El 12 de junio, Ridley se encontró con el comodoro Carlos Cavándoli, Subsecretario de Relaciones Exteriores. Durante el mismo quedaron claras, una vez más, las visiones divergentes entre ambos gobiernos. Mientras que el británico enfatizó la cooperación económica con la Argentina, Cavándoli señaló que requeriría que el tema de la soberanía fuera parte de cualquier negociación (49). Al mes siguiente, Ridley visitó las Malvinas. Allí discutió con los isleños sobre las ventajas de la cooperación con la Argentina, aunque dejó en claro que el Gobierno no aceptaría ningún arreglo que no contara con la aceptación de los isleños. Las preferencias de los isleños estaban claramente por un largo "congelamiento" de la disputa y la idea de arrendamiento generó muy poco entusiasmo (50). Al regresar de las Islas, Ridley se entrevistó con Cavándoli en Buenos Aires y acordaron reponer a los respectivos embajadores ausentes desde enero 1976 en ambas capitales. Los argentinos presentaron a Ridley un aide memoire en la cual expresaban su deseo de retornar a los acuerdos de cooperación alcanzados de Ginebra, reiterando que estaban dispuestos a tener en cuenta los intereses de los isleños y que no los aceptarían como tercera parte en las negociaciones (51). La respuesta de Ridley reiteró que el Gobierno británico no aceptaría ningún arreglo que no respetara los deseos de los isleños (52).
    En octubre de 1979, Lord Carrington presentó al Primer Ministro y al Comité de Defensa un memorándum donde recomendaba proseguir las conversaciones a nivel ministerial con la Argentina con el fin de explorar, "sin compromisos y sin apurar el asunto", soluciones políticas y económicas. En caso contrario, afirmaba, la Argentina podría recurrir a medidas más severas hasta llegar incluso al uso de la fuerza. Y en ese momento, según el documento, |a Argentina tenía la capacidad para capturar las Islas (53). Sin embargo, el Gobierno británico decidió posponer cualquier discusión sobre las Malvinas dado que se hallaba avocado a otros temas internacionales.
    A pesar de ello, en enero de 1980 Lord Carrington insistió en la necesidad de reiniciar las negociaciones con la Argentina. Para fines de ese mes, el Comité de Defensa aceptó la propuesta de Carrington, pero acordó que los términos de referencia alcanzados por el Gobierno anterior del 26 de abril de 1977 deberían ser modificados.
    El 28 y 29 de abril de 1980, se llevaron a cabo en Nueva York la primera ronda de conversaciones. La delegación británica, encabezada por Ridley, incluía un miembro del Consejo Legislativo de las Malvinas. El encuentro fue exploratorio, pero se alcanzó cierto grado de acuerdo. A pesar de las diferencias de opinión respecto del tema de la soberanía ello no debería entorpecer a las otras discusiones sobre cooperación en la conservación de recursos en el Atlántico Sur (54).
     Durante el verano de 1979/80 había tomado fuerza dentro del Foreign Office la idea de proponer una solución de arrendamiento como la opción más viable y mutuamente conveniente (55). A través de este mecanismo, la Argentina obtendría la soberanía formal mientras que la administración de las Islas quedaría a cargo de Gran Bretaña por un tiempo limitado a ser negociado (56).
    En junio de 1980, el ministro argentino Martínez de Hoz expresó en Londres que sería conveniente para ambos países que elaboraran planes conjuntos para la extracción de petróleo y que compartieran los derechos pesqueros en el área de Malvinas al mismo tiempo que discutían sobre la soberanía. Al respecto afirmó

Se ha hecho algún progreso y hay una pequeña luz en el horizonte...y creo que el lado económico puede ayudar. Tenemos dos intereses comunes, que son petróleo y pesca. Al mismo tiempo que puedan continuar algunas discusiones sobre soberanía, podríamos alcanzar algún acuerdo para la exploración petrolera o pesca conjunta que sería el inicio de una aproximación (get-together) en ese tema. Queremos que los británicos se apuren y sean socios en nuestro desarrollo económico (57).

Gustafson sostiene que si esta diplomacia paralela más pragmática hubiera tenido éxito, Martínez de Hoz hubiera apartado a los argentinos de posiciones absolutistas respecto de la soberanía y de la restauración de la integridad territorial. Pero eso no sucedió, y la Argentina adoptó un política de cooperación con empresas petroleras no británicas (58).
    A pesar de ello, para julio de 1980, el Gobierno británico decidió finalmente intentar la resolución de la disputa a través del mecanismo arriendo. El funcionario encargado de llevar adelante la propuesta fue Ridley, quien visitó Puerto Stanley entre el 22 y el 29 de noviembre de 1980. En esa oportunidad, Ridley trató de convencer a los isleños sobre este posible cambio en la política del Gobierno. En el Town Hall del pueblo, se congregaron unas 300 personas para participar de la reunión con Ridley. Allí presentó una lista con cuatro alternativas a su auditorio. La primera, la fórmula de arrendamiento; la segunda, satisfacer la totalidad de las demandas argentinas y transferir la soberanía; en tercer lugar, congelar totalmente el tema de la soberanía por un período de alrededor de 25 años; finalmente, rechazar de plano cualquier discusión sobre soberanía. El funcionario subrayó que la primera opción era la preferida por Whitehall. Las ventajas de ésta estaban en que mientras nominalmente se satisfacían los requerimientos argentinos de soberanía, en tanto que los isleños podían conservar su modo de vida. Al mismo tiempo, se proveía de una base para acuerdos de cooperación y desarrollo económicos para la región, especialmente en los temas de hidrocarburos y pesca. Según la visión de Ridley, al hablar ante los miembros de la Asociación de Criadores de Ovejas de las Falkland (Falkland Islands Sheepowners' Association), "su modo de vida [el de los isleños] no será cambiado y habrá nuevos beneficios a partir de la explotación de la pesca, turismo, y petróleo, que comenzarían tan pronto como sea posible después del cambio".
    Un vocero del Comité de las Islas Falkland informó que los Criadores prefirieron el status quo (59). Más aún, los isleños al escuchar de boca de un funcionario del Gobierno la sola mención de una alternativa que contemplaba la transferencia de soberanía a la Argentina produjo una fuerte reacción por parte de ellos. Su sensibilidad les impidió entender el verdadero mensaje del funcionario. Los miembros del Falkland Island Committee (Lobby) inmediatamente sonaron la alarma en Londres. El 26 de noviembre, el Times de Londres publicó un artículo en la primera página reproduciendo un informe de B. G. Frow, perteneciente al Comité de las Islas, quien había presenciado la reunión. El artículo se iniciaba con la siguiente frase: "Gran Bretaña sugiere que la soberanía de las Islas Falkland sea transferida a la Argentina". A continuación, denunciaba que "el Sr. Ridley sugirió que sería en el mejor interés de los isleños si acordarán la transferencia de la soberanía", implicando que Ridley presionó a los isleños en esa dirección (60). Sin embargo, el artículo proseguía diciendo que "la solución del arriendo...era la preferida por Whitehall". Pero la sensibilidad de los isleños y el del Lobby era tal que la sola mención de una opción que contemplase transferencia, se confirmaba que esas eran las intenciones reales del Gobierno. La respuesta del Foreign Office a las afirmaciones de Frow fue inmediata:

El Gobierno ha estado considerando desde las conversaciones exploratorias con la República Argentina de abril [1980] como alcanzar la mejor solución aceptable para todas las partes a este difícil problema. Mr. Ridley esta ahora consultando a los isleños para establecer sus puntos de vista en las bases de futuras conversaciones con los argentinos...Lo importante son los deseos de los isleños. Si ellos están de acuerdo, podremos explorar las bases para una solución. Sin embargo, ninguna solución es alcanzable sin el respaldo de los isleños y del Parlamento (61).

La rápida reacción del Lobby puso al Gobierno británico a la defensiva. Al día siguiente, Lord Carrington afirmó, en una entrevista de la BBC, que "la Argentina tiene un reclamo de soberanía sobre las Islas Falkland que nosotros refutamos, y ese reclamo no va a prosperar..." y agregó que nada se haría que fuera contrario a los deseos de los isleños. La prensa británica apoyó la postura de Carrington. El editorial del Times afirmó que,

Ni siquiera puede pensarse en la posibilidad de entregar a [los isleños] a la Argentina en contra de su voluntad. Esto es así no importa la clase de gobierno que tenga el poder en la Argentina, y es particularmente cierto en vista del sangriento historial del presente régimen militar (62).

De vuelta a Gran Bretaña y bajo este agitado clima, el Ministro Ridley se presentó el 2 de diciembre ante los Comunes para informar acerca de sus actuaciones en las Malvinas. En la Cámara Ridley fue vituperado al igual que a su partida de las Islas (63). El ministro fue recibido por una inusual rechifla (drubbing) que partía desde todos lados de la Cámara. Ante las explicaciones de Ridley, los parlamentarios sostuvieron que encontraban una aparente contradicción entre las afirmaciones del ministro acerca de que el Gobierno no tenía dudas de la soberanía británica sobre las Islas por un lado, y por otro, su propuesta para hallar una solución a la disputa si los isleños aceptaban intercambiar la soberanía por un largo arrendamiento a Gran Bretaña.
    Más aún, el vocero en asuntos extranjeros de la Oposición, Peter Shore sostuvo, en apoyo de los isleños, que "la propuesta para un arreglo de leasing debilitaría nuestra posición sobre la soberanía de las Islas. El hecho de hacer semejante propuesta de una manera tan específica y pública solo serviría, probablemente, para endurecer la política argentina al respecto y debilitar la confianza de los isleños" (64). De las filas de su propio partido, el conservador Julien Amery dijo que la propuesta de Ridley era "profundamente perturbadora". A lo que otro conservador, el Vizconde Cranborne agregó que hallaba la postura de Ridley inquietante, y que induciría a lo isleños a pensar que "que no contaban con el apoyo que se merecían de la madre patria (home country)". Se podrían agregar numerosas observaciones con connotaciones similares (65). La experiencia de Ridley mostró que el en el Parlamento era posible alcanzar la unanimidad cuando se trataba de sostener una línea dura respecto de las Malvinas (66). Lo sucedido durante el debate lleva Beck a sostener que:

Los Comunes simpatizaban claramente con un pequeño pueblo amenazado por un vecino más grande, especialmente si la forma de gobierno de la Argentina y su sociedad no sólo no estaban libres de críticas sino también, amenazaba la forma de vida británica que hasta el momento se disfrutaba en las Islas Falkland (67).

Durante su visita a las Malvinas, Ridley respondió a un periodista que "las Islas son británicas...". También agregó que "el tema de la soberanía sigue siendo sensible a discusión" y de inmediato aclaró que por ahora no existían negociaciones, sino simplemente reuniones (68). El contacto en el lugar con los isleños mostró también que la mayoría "se mantenía en su deseo de permanecer dentro del Imperio Británico", es decir, que no aceptaba el cambio en el status quo (69). Sin embargo, respecto de la postura de los isleños frente a la posibilidad de llegar a un arreglo que contemplase el arriendo, existe entre los analistas opiniones divergentes. El Informe Franks afirma sobre esa visita que "acerca del arriendo, la opinión de los isleños estaba dividida, con una sustancial minoría opuesta a ella y con la mayoría indecisa" (70). Para Beck, la propuesta británica de noviembre de 1980 "representa una transformación significativa en la disputa", dado que el gobierno de ese país "indicó públicamente su deseo de considerar una solución que incluya la adquisición de soberanía sobre las Islas". Este hecho indicaba una "alteración radical" en la actitud que adoptara hasta ese momento Gran Bretaña frente a los reclamos argentinos (71)). La propuesta llevada adelante por Ridley parecía la única política racional y viable para alcanzar un acuerdo, en oposición a una postergación del tema que sólo sirvió para incrementar la polarización internacional (72).
    Poco después, el 25 de enero de 1981, durante una gira de visita a Jamaica, Ridley afirmó que "las Islas Falkland serán las únicas perjudicadas por el tiempo que tarde en solucionarse el conflicto que mantienen el Reino Unido y la Argentina sobre ese territorio". Además sostuvo que creía firmemente en la autodeterminación, y que no veía "la razón para negarle la independencia al Archipiélago", y que los 1.700 habitantes se resistían al control argentino; y predijo que si aquellos se hicieran cargo de las Islas todos sus habitantes las abandonarían (73). En el mismo mes, pero el día 6, el Consejo Legislativo de las Islas votó en favor de congelar el tema de la soberanía y por el rechazo a cualquier intento de solución o acercamiento con la Argentina y el Parlamento secundó esta decisión (74).
    Al poco tiempo, el 9 de febrero, se anunció en forma sorpresiva simultáneamente en Buenos Aires y en Londres que el próximo 23 de febrero se reanudarían en Nueva York, las negociaciones sobre el futuro de las Islas (75).
    En aquella oportunidad, y hasta el 24 de ese mes, Ridley se reunió con el representante argentino, comodoro Cavándoli. Para esa ocasión, la delegación británica incluyó dos miembros del Consejo Legislativo de las Islas. Durante el encuentro, la política inglesa le impuso a Ridley tantas restricciones con respecto a las Malvinas que no le permitió desarrollar una estrategia de negociación más viable, ni siquiera le permitió proponer mecanismos de dilación. Por lo tanto, el representante británico no tuvo más remedio que proponer un congelamiento del tema de soberanía mientras se continuaría el diálogo sobre los temas de cooperación (76).
    En la reunión informó sobre las actividades que desarrolló en su visita a las Islas y la reacción de los isleños sobre sus opciones, que fue la de mantener el status quo (77). Por lo tanto, la propuesta concreta británica que formuló consistió: congelar las negociaciones sobre soberanía por un cierto número de años, y que, en el transcurso de este tiempo, las Partes mantendrían sobre la soberanía sus respectivas posiciones. Para los negociadores británicos, esto facilitaría la creación de un clima de confianza entre el territorio continental argentino y las Islas, en tanto se desarrollarían proyectos conjuntos de desarrollo económico alrededor de las Islas (78). Por otra parte, la delegación argentina ofreció maximizar las condiciones económicas y sociales en las Islas. Las concesiones a los isleños incluirían la existencia de administración, leyes, sistema de educación y vida social, diferenciadas y continuas para ellos, haciendo de las Islas, la región "más mimada de la Argentina" (79). Esta ronda tan poco productiva fue cerrada con un comunicado conjunto de prensa fechado el 26 de febrero en donde se informó que "ambas Delegaciones decidieron informar de lo tratado a sus respectivos Gobiernos, y acordaron la realización de próximas negociaciones a la brevedad". Como era de esperar, el 6 de marzo se dio a conocer el rechazo argentino a la propuesta británica. La Cancillería argentina reafirmó su constante énfasis en el tema de soberanía emitiendo otro comunicado donde manifestaba que "la posición argentina con respecto a la demanda de restitución de soberanía, no sólo no se ha modificado, sino que rechaza en forma absoluta y sistemática cualquier propuesta que no acuerde este derecho en forma prioritaria" (80). Al respecto, una vez más, la opinión de los analistas diverge. Mientras que Beck opina que el gobierno británico se veía cada vez más atraído por la opción del arriendo porque parecía ser la más viable por sus ventajas inherentes y porque las consecuencias de las otras eran peores por la intransigencia argentina por la soberanía (81); por el contrario, Kinney sostiene que a esta altura ni Gran Bretaña tenía algo para ofrecer en materia de soberanía, ni siquiera poder continuar [ongoing] la discusión sobre el tema (82).
    Tal es así que antes de iniciarse las reuniones de febrero, Ridley había declarado a la prensa que "estaremos para ganar tiempo, sólo para ganar tiempo" (83). En lo que si fue exitoso Ridley fue que logró que los delegados argentinos aceptaran tratar directamente con los isleños que componían su delegación. Kinney sostiene que la Argentina aceptó ese riesgo como parte de su política de cortejo a los isleños (84).
    A partir de marzo de 1981, los isleños se incorporaron formalmente a las negociaciones con la presencia de dos miembros del Consejo Legislativo de las Islas en la mesa de negociaciones, (a pesar de las protestas Argentinas) (85).
    A pesar de que la ronda de negociaciones no había resultado como los británicos lo esperaban, Lord Carrington informó a su Gobierno que éstas habían sido beneficiosas en un aspecto. Tanto argentinos como isleños habían tomado contacto y aproximado sus divergencias. Sin embargo, previno que si los isleños persistían en su posición pro status quo, Gran Bretaña debería prepararse para enfrentar un deterioro en las relaciones con la Argentina (86). De la lectura de fuentes británicas, se observa que durante estos meses el Gobierno estaba claramente presionado y encerrado entre la posición intransigente de los isleños, su cometido a respetar sus deseos y la percepción de que en la Argentina, sectores claves se estaban impacientando (87). Una señal de que la ansiedad argentina estaba creciendo fue el discurso del Comandante en jefe del ejército, General Leopoldo Galtieri, el 29 de mayo de 1981,

Nadie podrá decir que no hemos sido extremadamente calmos y pacientes en el manejo de nuestros problemas internacionales, que de ningún modo surgen de las apetencias territoriales de nuestra parte. Sin embargo, luego de un siglo y medio, ellos se han vuelto más y más insoportables (88).

El 15 de junio, Ridley mantuvo un encuentro en París con el diplomático argentino Enrique Ros. En esa ocasión los argentinos parecieron dispuestos a esperar el resultado de las elecciones legislativas que tendrían lugar en octubre de ese año en las Malvinas (89).
    En junio de 1981, visitó la Argentina y las Islas otro funcionario de la Foreign and Commonwealth Office, J. B. Ure (Subsecretario de Estado para América del Sur) con el objeto de informar a los primeros de la voluntad de su Gobierno de hallar una solución al mismo tiempo de convencerlos de que era mejor no forzar el ritmo del proceso. A los segundos intentaría convencerlos de acelerar su decisión acerca de como querían que continuara el proceso de resolución del conflicto (90).
    El día 30 de junio, se llevó a cabo una reunión el Foreign and Commonwealth Office encabezada por Ridley y con la presencia de otros funcionarios relacionados con el tema, además del embajador en Buenos Aires y del gobernador de las Islas con el objeto de revisar la política gubernamental hacia las Malvinas. Respecto de la Argentina, Ure presentó en esa reunión un memorándum preparado a su regreso de la misión. En el mismo informó que había encontrado a los funcionarios de la Cancillería más predispuestos a continuar con las negociaciones y para aceptar la idea del arriendo. Mientras que halló a los líderes militares "menos pacientes y que podrían exigir una política más `enérgica' en cualquier momento". En las Islas, el funcionario británico, no encontró una fuerte oposición en contra del arriendo, pero recomendó que para llevar adelante esa política el Gobierno debería realizar una campaña de información pública (public education). Al término de la reunión se acordó continuar las negociaciones con la Argentina para ganar tiempo y persuadir al nuevo Consejo de las Islas que no las obstruya, que se preparara una campaña de educación pública y, al mismo tiempo, que se preparasen planes de contingencia civiles y militares (91).
    Es importante destacar que llegado este punto, muchos observadores opinan que al mismo tiempo que parecía que el Lobby de las Malvinas y sus apoyos en el Parlamento habían puesto a la defensiva a quienes dentro del Foreign Office trataban de hallar una salida que les permitiera la convivencia con la Argentina, otros departamentos gubernamentales también tomaron decisiones que resentirían aún más la capacidad negociadora de aquel organismo frente a la Argentina (92). En efecto, debido a una aguda necesidad de recortar gastos, el Ministerio de Defensa británico presentó en junio de 1981 el Libro Blanco. En él se decidió que la Royal Navy, encargada de la defensa de las Malvinas, prescindiría de los portaaviones y que en sus funciones serían reemplazados por los más económicos destructores y fragatas (93). También se propuso eliminar los buques de asalto, especializados en el desembarco de tropas, con que contaba la Royal Navy: el Fearless y el Intrepid. Más importante aún, se decidió retirar del servicio al patrullero antártico Endurance una vez que concluyera su campaña por el Atlántico Sur en marzo de 1982 (94).
    En este caso se trataba del único buque con capacidad para operar en aguas antárticas y no se tenía previsto ningún reemplazo. Esta decisión generó inmediatamente una ola de protesta entre aquellos interesados en un futuro de las Islas ligado a Gran Bretaña. Su voces convocaron a conservar al "guardián de las Islas Falkland" y "única presencia de la Royal Navy en el Atlántico Sur". A pesar de ello, la decisión fue confirmada por el Parlamento el 30 de junio (95). Más tarde, desde la oposición, el ex-Primer Ministro Callagham criticó la decisión de retirar al patrullero y dijo a Luce que "algún tipo de invasión será probable en cuanto se sepa en la Argentina el retiro del Endurance" (96). En efecto, tan pronto como se informó en el Parlamento que el buque sería desguazado, un funcionario de la embajada argentina en Londres telefoneó a Lord Shackleton preguntándole si esta decisión significaba que Gran Bretaña había perdido el interés en las Islas. A lo que el británico respondió que no sabía (97).
    Al mismo tiempo que se discutía el tema de defensa, llegó al Parlamento un proyecto para una nueva Ley de Nacionalidad Británica pratrocinada por el Home Office. Su objeto era clarificar el status de los ciudadanos coloniales británicos y, por razones raciales, evitar que aquellos emigraran a Gran Bretaña. Como claro destinatarios estaban los habitantes chinos de Hong Kong. Sólo se admitiría con ciudadanía plena a aquellos que tuvieran al menos a un abuelo nacido en las Islas Británicas. El problema fue que no protegió a los pobladores blancos de tercera o cuarta generación nacidos en colonias como Gibraltar y las Malvinas. Se levantaron muchas protestas en favor de estos. La ley fue finalmente reformada pero sólo se incluyó con ciudadanía plena a los habitantes de Gibraltar. El resultado en las Malvinas fue que aproximadamente 800 isleños no calificaban como Británicos según esa ley (98).
    Algunos coinciden en afirmar que estas decisiones del Gobierno británico que respondían a requerimientos de política general y de otros Departamentos no fueron tomadas pensando específicamente en las Malvinas, pero que tuvieron como consecuencia el afectar el contexto de negociación entre las partes. Por un lado, la decisión de británica de apegarse estrictamente a los deseos de los isleños y mantener la situación colonial y, por otro, daba la impresión de abandonar esos compromisos al debilitar a las fuerzas navales capaces de intervenir en el área y retirar la ciudadanía a quienes decía proteger.
    Para los argentinos, que observaban muy atentamente cualquier cambio en la política británica, estas decisiones mostraban señales ambiguas que podían dar lugar a malinterpretaciones (como de hecho sucedió) (99). Mientras que en Gran Bretaña, por las mismas razones, el Foreign Office perdió recursos de negociación y credibilidad.
    Cuando estos eventos sucedían en Gran Bretaña, la Argentina comenzó a presionar para acelerar el ritmo de las negociaciones. El 27 de julio, el Ministerio de Relaciones Exteriores hizo llegar al embajador británico en Buenos Aires una nota firmada por el Canciller Oscar Camilión que expresaba la preocupación de su gobierno por la falta de progresos en las negociaciones desde el último encuentro en febrero de ese año. Luego de diez años desde los Acuerdos de Comunicaciones, la Argentina creía que no era posible,

posponer aún más una discusión seria y profunda sobre los componentes esenciales de las negociaciones, soberanía y cooperación económica de un modo global y simultáneo con la expresa intención de alcanzar en el corto plazo resultados concretos. Por lo tanto, deben darse a las negociaciones un impulso más resuelto. La próxima ronda de negociaciones no puede ser otro ejercicio exploratorio sino, debe señalar el comienzo de una etapa decisiva hacia la culminación definitiva de la disputa (100).

    El informe Franks también extracta del comunicado que el apurar las negociaciones sobre las Malvinas se había convertido en prioritario para el Gobierno argentino y que mantenía su determinación de proseguir negociando "con un espíritu eminentemente realista y con la certeza plena de que existen soluciones racionales alcanzables". Agregaba también que no era posible diferir esta cuestión por más tiempo porque afectaba a "la integridad territorial y al dignidad nacional" (101).
    Ante esta presión argentina, se discutió en el Foreign Office qué actitud tomar. A pesar de percibirse la necesidad de hallar una solución y de recomendarse llevar adelante un activa campaña de información pública para aproximar la actitud de los isleños y del público británico a la del Gobierno, Lord Carrington decidió no llevar a cabo esta política por considerarla contraproducente para el Gobierno (102). Para algunos observadores, con esta decisión Gran Bretaña cedió la iniciativa en las negociaciones que hasta el momento había tratado de mantener, "ya no existía política alguna, salvo esperar ver qué pasaba y entonces asumir medidas de contingencia" (103).
    El próximo encuentro se llevaría a cabo en la próxima reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York entre Lord Carrington y el Canciller Camilión. Como preparación para el mismo, el primero elaboró una minuta para circular dentro del Gobierno. En la misma expresaba su convicción de que la opción del arriendo continuaba siendo no sólo la mejor sino, la única solución viable a la disputa. No obstante, las posibilidades de alcanzar tal acuerdo con la aprobación de los isleños habían disminuido, por lo tanto, no quedaría más remedio que mantener las negociaciones con la Argentina y proponerle invitar al gobierno argentino hacer propuestas constructivas. Lord Carrington reconoció que era consciente del rechazo argentino a esta propuesta y que, por lo tanto, se hacía necesario elaborar planes de contingencia, pero que era claro que suplir y defender a las Islas sería difícil y costoso (104).
    El 22 de septiembre el Canciller argentino habló ante la Asamblea General refiriéndose en términos muy duros a la marcha de las negociaciones (ver arriba). Al día siguiente, Carrington y Camilión se reunieron. El británico expresó a su par argentino los deseos de su Gobierno de continuar con las negociaciones y que trataría de convencer a los isleños para que aceptaran llegar a buenos términos con las negociaciones. Pero que no intentaría coaccionarlos para que aceptaran la decisión de su Gobierno. Por último, conforme lo había informado a su Gobierno, Carrington invitó a la Argentina a hacer propuestas cuando las negociaciones se reabrieran. La respuesta de Camilión fue terminante, la cuestión central continuaba siendo la de la soberanía que la Argentina y Gran Bretaña debían tratar, y que no se debería permitir a los isleños que vetaran estas negociaciones (105).
    Mientras tanto, el 22 de octubre, el embajador británico en Buenos Aires, Williams, criticó la decisión de su gobierno de no llevar adelante la campaña de información pública e informó que la paciencia de la Argentina se estaba agotando (106).
    En septiembre de 1981, Ridley había abandonado el Foreign Office y había sido reemplazado por Richard Luce, a quien los argentinos veían como un representante del Lobby.
    En Buenos Aires, se reunieron el 14 de octubre, el canciller argentino y el embajador británico, Anthony Williams, con el propósito de preparar la siguiente ronda de negociaciones. Según los informes de Williams, Camilión sostuvo que entendía que las negociaciones serían largas y difíciles. Esto indicó al Gobierno británico que el gobierno argentino, a pesar de mantener como primera prioridad de la política exterior el recuperar la soberanía de las Islas, estaría más dispuesto a un largo diálogo que una confrontación (107).
    Sin embargo, un nuevo nubarrón se presentó en el horizonte de la negociación. En efecto, el 14 de octubre de 1981 se realizaron las elecciones para renovar el Consejo Legislativo de las Islas y, como se esperaba, reflejaron un endurecimiento en la posición de los isleños. Los candidatos más "pro statuquista" fueron electos. A pesar de ello, el nuevo Consejo decidió mantener el diálogo y enviar representantes a la nueva ronda de negociaciones en tanto la soberanía no estuviera en la agenda (108).
    Las negociaciones acordadas para realizarse originariamente en diciembre fueron pospuestas por el cambio de gobierno en la Argentina, primero y luego, por la imposibilidad del Ministro Luce de asistir que debía atender otros problemas (109). Por lo tanto, las nuevas negociaciones se aplazaron para fines de febrero de 1982.

***

El año de 1982 significó el inició de nuevas rondas de negociaciones que como todo nuevo intento conllevaba cierta grado de optimismo. Sin embargo, la intransigencia de las partes llevó a la percepción de que las soluciones diplomáticas se agotaban rápidamente y comenzaron acumularse los negros nubarrones de una crisis en ciernes. El Gobierno británico iniciaba las negociaciones con nada nuevo para ofrecer a los argentinos. Por otra parte, éstos que iniciaron las negociaciones en 1965 con expectativas de una rápida solución a su favor, se hallaban cada vez más impacientes por llegar a esa solución y no otra (110).

  1. El nuevo gobierno militar que derrocó a la presidente María Estela Martínez de Perón se autodenominó como "Proceso de Reorganización Nacional".
  2. Franks, 13.
  3. Kinney, 54. A partir de abril de 1976, el gobierno británico pasó a manos de los Laboristas con el ex-Secretario de Foreign Office, James Callagham, como Primer Ministro.
  4. 1982, 40.
  5. 1984, 59. Ver también Quellet y, en menor medida, Lanús.
  6. Beck 1982, 40.
  7. La delegación argentina estuvo compuesta por el subsecretario de Relaciones Exteriores, capitán de navio Gualter Allara, el embajador Julio Barberis y el encargado de negocios de la Embajada Argentina en Londres, Rafael Gowland y asesores. La británica estuvo formada por Robin Edmonds (Subsecretario Asistente del Foreign Office para Asuntos Latinoamericanos), Hugh Carless (Director del Departamento de América Latina) y Hugh Adrian Sindall (Subdirector de ese Departamento) (Lanús, 484).
  8. Ibid. 484.
  9. Ibid., no precisa fecha ni fuente.
  10. Ibid. 484/85.
  11. Ibid. 485.
  12. Gustafson, 95.
  13. Al respecto Gustafson informa que el 22 de julio de 1976, el Canciller argentino, César Guzzetti, sostuvo que "la soberanía es la prioridad en las Malvinas". Las opiniones de Guzzetti claramente divergían de las del Ministro de Economía. Ello muestra que el gobierno de Videla "estaba tan dividido como los gobiernos anteriores lo habían estado con respecto al tema de la soberanía" (96).
  14. The Times, 21-7-76 en Gustafson, 95.
  15. Ibid. 95-96.
  16. Beck 1982, 47.
  17. En Adolfo Silenzi de Stagni (1982): Las Malvinas y el petróleo. Buenos Aires, El Cid Editor. Volúmenes 1 y 2 citado por Gustafson, 96.
  18. Las fuentes anglosajonas designan a ésta como Southern Thule.
  19. Destefani, 129-30.
  20. Kinney, 55. Una vez inaugurada la estación fue evacuada, pero a partir de la campaña de 1977/78 fue ocupada en forma permanente hasta su expulsión en 1982 (Destefani, 130).
  21. Ibid. 55.
  22. Franks, 14-15 y Kinney, 55-56.
  23. 1992, 233 n. 23.
  24. Kinney, 56. No obstante para ese autor, a pesar de su débil reacción, Gran Bretaña dejó bien en claro que la presencia argentina en Tule, aunque distante y casi insignificante, era una violación de sus derechos soberanos.
  25. Grove, 358.
  26. Gustafson, 98; Franks, 15 y Olivieri López 1992, 97.
  27. Gustafson, 99.
  28. Según fuentes británicas, en este momento temían un incremento de la presión militar argentina. Por lo tanto, el Gobierno informó a Rowlands que un se había constituido un Grupo de Despliegue (Group Deployment) compuesto por el crucero HMS Tiger, el submarino nuclear HMS Churchill, y cinco buques de escolta que podían ser enviados al área inmediatamente en caso de ser necesario. Debido a la marcha de las negociaciones no lo fue (Grove, 358). Estas disposiciones son una muestra más que Gran Bretaña estaba dispuesta a defender su posición en las Malvinas.
  29. Lanús, 485.
  30. Gustafson, 99. Quellet sostiene que este comunicado alcanzó un valor inédito en la disputa con Gran Bretaña porque, según afirma, "por primera vez en la historia diplomática de ambos países, la Gran Bretaña reconocía oficialmente y por escrito la existencia de negociaciones, y también admitía, de manera concreta, la posibilidad de una discusión sobre soberanía" (87, énfasis agregado) Pero decir que se acepta discutir soberanía no es igual a renunciar a ella.
  31. Gustafson, 99-100.
  32. Ibid. 100.
  33. Ibid.
  34. El empresario argentino Héctor F. Capozzolo tentó a un importante inversor de la Compañía a través de un banco de París para que venda su parte. De este modo, se debilitaría el Lobby de las Falkland al perder su principal fuente de apoyo, la Falkland Islands Company (Gustafson, 100). Esta compañia era el principal interés económico y el principal empleador de las Islas.
  35. Citado en Quellet, 162; Franks, 16.
  36. Hansard citado por Gustafson, 103.
  37. El 8 de junio la declaración fue comunicada a las Naciones Unidas por los representantes de ambos países. Dado el contenido del documento. A pesar de la salvaguardia del paraguas invocado por las partes, Olivieri López afirma que este documento es muy significativo respecto de la voluntad negociadora y del reconocimiento británico a los derechos argentinos. Prueba de ello es que el futuro Gobierno conservador resolvió desconocerlos (Olivieri López 1992, 98-99 y 234 n.27).
  38. Franks, 17.
  39. Quellet, 88.
  40. Lanús, 485.
  41. Ibid.
  42. Ya se habían interceptado y disparado sobre buques pesqueros rusos y búlgaros. Sobre este respecto ver Informe Franks, 17.
  43. El Dreadnought fue el prototipo de los posteriores submarinos de ataque nucleares británicos. Su principal fortaleza residía en su casi ilimitada capacidad para navegar sumergidos por largos períodos de tiempo a grandes profundidades y a una velocidad de 30 nudos. Ello hace que estos buques sean casi indetectables, más aún por los rudimentarios dispositivos con que disponía la Armada Argentina. Con posterioridad, un buque similar a éste (HMS Conqueror) adquirió fama al hundir al crucero argentino ARA General Belgrano durante el conflicto de 1982. Acompañaron al Dreadnought las fragatas HMS Phoebe (2.450 toneladas), HMS Alacrity (2.750 toneladas) y dos escoltas menores.
  44. El submarino permaneció sumergido próximo a las islas. Las fragatas, en cambio, permanecieron "más allá del horizonte" a mil millas al norte. Los buque tenían claras órdenes de combate previa autorización superior (rules of engagement): el establecimiento de una zona de identificación marítima de cincuenta millas alrededor de las Islas. Dentro de ella, cualquier nave de guerra argentina debería dar explicaciones de su presencia. Bajo ciertas circunstancias el submarino estaría autorizado a lanzar sus torpedos (Grove, 359).
  45. Kinney, 57. Según la teoría, la capacidad de disuasión depende de la presencia de tres elementos: capacidad, credibilidad, y comunicación. La ausencia de alguno de alguno de ellos anula la posibilidad de aplicar una exitosa política de disuasión. En este caso, al no informar Gran Bretaña de su decisión de enviar a una unidad naval tan poderosa falló la comunicación (Hastedt & Knickrehm, 268-273). Si la intención británica hubiera sido disuadir a la Argentina de una posible agresión la decisión de enviar un submarino de ataque nuclear tampoco fue la correcta. Debido a que éste permanece siempre sumergido no es el mejor instrumento de disuasión.
  46. Quellet, 88.
  47. Ibid.
  48. Ibid. 89; Franks, 19 y Lanús 486. Para Gustafson, el deseo de los británicos de correr el riesgo de mencionar el tema de soberanía en las negociaciones les había resultado bien dado que éstas habían avanzado en términos de cooperación económica y que la Argentina había acordado la exploración petrolera conjunta (106).
  49. Franks, 20.
  50. Ibid.
  51. Ibid.
  52. Ibid. 22.
  53. Ibid. 21.
  54. Ibid.
  55. No era la primera vez que en el Reino Unido había surgido la idea del arrendamiento. Ya había sido sugerida en 1930 y nuevamente en 1940. En general, esta idea era favorecida por todos aquellos preocupados por las relaciones con la Argentina y América Latina (Kinney, 58).
  56. Respecto de la cantidad de años que duraría el acuerdo existen divergencias en las fuentes y varían entre los 25 y los 999.
  57. The Times, 13-6-1980 citado por Gustafson, 108.
  58. Gustafson, 109.
  59. The Times, 27-11-1980 citado por Gustafson, 111.
  60. Citado en Gustafson, 110.
  61. The Times, 26-11-1980 citado por Gustafson, 110.
  62. 28-11-1980 citado en Gustafson, 110.
  63. Relato basado en Beck 1982, 43; Gustafson, 111 y Kinney, 59.
  64. Gustafson, 111.
  65. Para ver el texto completo del debate consultar el Informe Franks Anexo F pp. 101-105.
  66. Gustafson, 111.
  67. Beck 1982, 43. Otros argumentos señalados por Beck fueron, por supuesto, el énfasis en el principio de autodeterminación, la situación estratégica y económica de las Islas y las responsabilidades imperiales de Gran Bretaña (ibid.)
  68. Quellet, 92. Quellet agrega que este diálogo "erizó la piel del Gobierno argentino (cuando señaló que nuestro país podía aprender del sistema isleño, donde no hay nadie que esté detenido por cuestiones política, y los derechos humanos son respetados)" (ibid.).
  69. Beck 1982, 42. Para confirmar la postura negativa hacia una política de acercamiento, la crónica de la visita de Ridley a las Islas informa que su partida estuvo acompañada de abucheo y de las estrofas de "Rule Britannia" (ibid.; Kinney, 58.
  70. p. 23. Ver también Quellet, 90 y Olivieri López 1992, 109-110.
  71. Beck 1982, 41, énfasis original.
  72. Kinney, 58.
  73. Quellet, 93.
  74. Franks, 23; Gustafson, 113.
  75. Quellet, 93.
  76. Gustafson, 113.
  77. Kinney, 59; Franks, 24.
  78. Quellet, 94; Gustafson, 113.
  79. Kinney, 59; Gustafson, 113.
  80. Quellet, 94; Beck 1982, 45.
  81. Beck 1982, 44-45.
  82. Kinney, 59.
  83. The Times 23-2-1981 citado en Gustafson, 113.
  84. Kinney, 59.
  85. Ibid.
  86. Franks, 24.
  87. A principios de mayo, el embajador británico en Buenos Aires solicitó enérgicamente al Foreign Office que para evitar el deterioro de las relaciones con la Argentina era necesario realizar, por lo menos, una nueva ronda de conversaciones que incluyeran la discusión sobre soberanía (Franks 24, par. 87).
  88. Traducción del informe Franks, 24-25. [buscar los diarios locales de la fecha]
  89. Franks, 25.
  90. Ibid. 24.
  91. Franks, 25-26.
  92. Gustafson, 114-15; Hastings & Jenkins, 42-43; Freedman & Gamba-Stonehouse, 10-11.
  93. A este documento se lo considera más drástico que el elaborado en febrero de 1966, luego que Gran Bretaña decidió retirarse de sus responsabilidades imperiales al Este de Suez (para una mayor información sobre este documento ver Grover, 277). Los portaaviones que se retirarían de servicio eran el HMS Hermes, que sería desguazado y el de última generación HMS Invincible, que sería vendido a Australia. Como se verá luego, ambos cumplieron un papel central en la recuperación por parte de Gran Bretaña de las Islas en 1982.
  94. Esta decisión había sido resistida desde 1978 por el Gobierno Laborista y su mantenimiento en el Atlántico Sur fue establecido en base a una renovación de año por año (Grove, 359).
  95. El Consejo Legislativo de las Islas envió un mensaje a Lord Carrington que expresaba,
    1. El habitantes de las Islas Falkland deplora en los términos más enérgico la decisión de sacar de servicio al HMS Endurance. Expresan su extrema preocupación de que Gran Bretaña parece estar abandonando la defensa de sus intereses en el Atlántico Sur y la Antártida al mismo tiempo que otras potencias están reforzando su posición en ellas. Sienten que el retiro debilitará aún más la soberanía británica en esta área ante los ojos no sólo de los isleños sino también del mundo. Urgen que se tomen todos los recaudos posibles para revertir esta decisión (Franks, 33).
  96. Gustafson, 115.
  97. Un informe de la Embajada Británica en Buenos Aires al Foreign Office indicó que los periódicos de aquella ciudad habían aludido al tema resaltando que "Gran Bretaña abandona la protección de las Islas Malvinas" (Franks, 34).
  98. Hastings & Jenkins, 43-44.
  99. La teoría de la percepción demuestra que los individuos tienden a aceptar más fácilmente (acríticamente) aquello que desean.
  100. Franks, 28. [ver comunicado a la prensa el 27 o 28 de julio]
  101. Citado en Ibid. 28.
  102. Franks, 28. Parecería que los motivos de esta decisión estuvieron fundados en consideraciones a   restricciones de la política doméstica (ibid.).
  103. Hoffmann y Hoffmann, 157.
  104. Franks, 28-29.
  105. Franks 29.
  106. Ibid. 29-30.
  107. Ibid. 30.
  108. Ibid.
  109. El 23 de diciembre de 1981, el comandante en jefe del ejército, general Leopoldo F. Galtieri, se hizo cargo del gobierno, desplazando como Presidente al general (RE) Roberto E. Viola.

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